Ante las diferentes problemáticas que se presentan actualmente entre los jóvenes, el movimiento Familia Misionera y Águilas Guadalupanas organizó un evento que congregó a más de 2 mil jóvenes provenientes de más de 40 comunidades marginadas de la Sierra de Querétaro, Celaya, Irapuato y Pachuca. Estos jóvenes se comprometieron a buscar su felicidad y vivir intensamente a pesar de las adversidades

Por Chucho Picón

El pasado 17 de abril se llevó a cabo en la Unidad Deportiva de La Lira, en el municipio de Pedro Escobedo, Querétaro, el VIII Congreso para Jóvenes «Atrévete a vivir intensamente». Impactante fue ver reunidos a 2 mil 600 jóvenes en busca de esperanza ante los problemas que los persiguen: las drogas, abusos sexuales, suicidios, abortos y, sobre todo, la soledad.

Llegaron los jóvenes desde temprano; entraron con mala cara, con el ceño fruncido; algunos venían a la fuerza, con un dejo de tristeza, molestia y penumbra, y se fueron con un rostro renovado, iluminado por la Gracia de Dios.

Un interés por cambiar

Fueron las conferencias impartidas por Josué Bravo, el padre Ángel Espinosa de los Monteros, Rosy Orozco, Andrés Ohagan y Jorge Lemus, entre otros; ellos, poco a poco, fueron cambiando el rostro de estos adolescentes y jóvenes. La atención psicológica ayudó: los especialistas no paraban de atender y escuchar las diferentes problemáticas que viven estos jóvenes marginados, olvidados, golpeados, y seguramente el sacramento de la Reconciliación fue determinante, pues una larga cola para confesarse mostraba el interés de estos jóvenes por cambiar y dejar ahí el lastre de sus tristezas y problemas.

Era un caminito de Gracia; mientras se daban las conferencias, simultáneamente los jóvenes iban pasando con los psicólogos y terapeutas expertos; después pasaban a descargar sus penas ante los sacerdotes que se dieron cita ahí, y la Gracia potente del sacramento de la Reconciliación hacía su labor poco a poco. Entre lágrimas y sollozos los jóvenes, después de recibir la absolución, remataban con unos momentos de adoración y contemplación ante el Santísimo. Así fue toda la jornada: un ir y venir entre los asistentes, entre las conferencias con los expertos y la atención espiritual y psicológica. Maravillosa y hermosa labor lograron los organizadores de Familia Misionera y Águilas Guadalupanas.

La Gracia del Señor

Los jóvenes llegaron lentos y con pesados pasos, pero regresaron a sus comunidades llenos de alegría, luz y esperanza en su mirar; se fueron ligeritos, participaron en un encuentro histórico para su vida y para su alma, se llevaron en su corazón las palabras de los diferentes conferencistas, y los gritos, porras y bailes también; se llevaron en su corazón los consejos de los psicólogos, y también se llevaron en sus corazones la voz de los sacerdotes que los renovaron con la Reconciliación, pues se llevaron la poderosa Gracia santificante.

Y se llevaron también el envío, la misión, la caricia y el abrazo en voz de monseñor Faustino Armendáriz, obispo de la diócesis de Querétaro, que cerró y clausuró el VIII Congreso de Jóvenes con una Misa solemne.

Los coordinadores nacionales de Águilas Guadalupanas, que son el matrimonio conformado por Adrián Hernández Garza y Lorena Valadez Rodríguez, compartieron a El Observador que se logró el objetivo: el poder trasmitir valores que puedan dar esperanza a los jóvenes que viven tiempos complicados; también comentaron que este tipo de encuentros se pueden replicar en todo México, pues es necesario que se lleve a todos los jóvenes marginados del país este tipo de conferencias.

Además, reconocieron la importancia de los jóvenes involucrados que participaron como staff organizando y atendiendo a estos miles de jóvenes; jóvenes evangelizándose mutuamente, esto es una maravilla. Concluyeron agradeciendo a todos los participantes y a todos los que ayudaron a la realización de este evento que inyectó nuevas energías y ganas para vivir intensamente.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 28 de abril de 2019 No.1242