Por Jaime Septién

La mayor parte de los conversos afirman que ha sido María la que les ha abierto las puertas de la fe. A Jesús solo se llega por su madre. Es la vía de la luz, México le debe tanto…

Estamos en deuda con ella. Los oscuros tiempos que nos tocan vivir son tiempos, quizá, de purificación. Hemos ido cometiendo muchos errores en nuestra historia. El principal ha sido no hacerle caso a María de que hagamos lo que Él nos dicta al corazón.

Obstinados y mecánicos, rezamos sin obedecer y callamos murmurando contra el prójimo. Esa no es una forma de seguirla ni de entender nuestra enorme responsabilidad ante el mundo –y ante los demás que nos rodean en lo inmediato—que lleva el hecho mismo que «no hizo nada igual con ninguna otra nación».

Muy orondos desplegamos la bandera con María, sobre todo con María de Guadalupe, y nos arrimamos a su manto para conformar nuestra identidad. Pero a la hora de la verdad, qué María ni qué nada: a criticar, a falsear la verdad, a corromper o a defender la injusticia. Cada niño que deambula atónito y hambriento por las calles, es María quien nos interpela. Quien nos avisa, con sabor y olor de madre, que no hemos hecho –ni por asomo—el bien que nos pide su Hijo.

A Maité por 35 años de entrega

TEMA DE LA SEMANA: MARÍA EN MÉXICO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 5 de mayo de 2019 No.1243