El Papa a los jóvenes, paso a paso / 8

Los jóvenes se hacen preguntas y, por lo tanto, buscan respuestas. Algunas de las preguntas más importantes que se empiezan a hacer antes de entrar en la edad adulta son: ¿Qué haré con mi vida? ¿A qué me quiero dedicar? ¿Qué me hace feliz? Y la respuesta está en la vocación, en ese llamado que Dios nos hace.

La vocación, dice el Papa Francisco en el capítulo ocho de la exhortación apostólica Cristo Vive, tiene un sentido amplio, pues no solo es el llamado de Dios, sino el llamado a la vida, el llamado a la amistad con Él, el llamado a la santidad, etc.

La vocación permite entender que nada es fruto de un caos sin sentido, sino que todo puede integrarse en un camino de respuesta al Señor, que tiene un preciso plan para nosotros.

La amistad con Jesús

Jesús es un amigo que nos ama, como dice el famoso canto, y por tanto, quiere la amistad de los jóvenes, pues en el diálogo con ese amigo será posible el discernimiento de la vocación. Y agrega Francisco: «la vida que Jesús nos regala es una historia de amor, una historia de vida que quiere mezclarse con la nuestra y echar raíces en la tierra de cada uno. Esa vida no es una salvación colgada «en la nube» esperando ser descargada, ni una «aplicación» nueva a descubrir o un ejercicio mental fruto de técnicas de autosuperación».

Así que la vida de Jesús no es mucho menos un «tutorial» con el que hay que aprender la última novedad. Lo que Dios nos regala es una invitación a formar parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias; Jesús vive y quiere nacer entre todos los jóvenes para que den fruto allí donde se encuentren, como estén y con quien estén. Allí el Señor se planta.

Darse a los demás

La vocación, como plantea el Papa, también tiene un sentido misionero. Somos llamados por el Señor a participar en su obra, aportando al bien común a partir de las capacidades que recibimos.

La vida comienza a dar frutos cuando servimos a los demás, se alcanza la plenitud. La vocación no consiste sólo en los trabajos que tengas que hacer, es algo más, es un camino que orienta muchos esfuerzos y muchas acciones en una dirección de servicio. Por eso, en el discernimiento de una vocación es importante ver si uno reconoce en sí mismo las capacidades necesarias para ese servicio específico a la sociedad.

Los jóvenes deben tener la seguridad que el Señor les indicará todos los lugares, los tiempos y los detalles para realizar esta vocación.

La vocación se trata de inventarse, de crearse a sí mismo de la nada; de desarrollarse, hacer brotar y crecer todo lo que uno es. «En los designios de Dios, cada hombre está llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo hombre es una vocación», dice Francisco.

El asunto está en no solo hacer cosas, sino hacerlas con un sentido, con una orientación. Al respecto, san Alberto Hurtado decía a los jóvenes que hay que tomarse muy en serio el rumbo: «En un barco al piloto que se descuida se le despide sin remisión, porque juega con algo demasiado sagrado. Y en la vida ¿cuidamos de nuestro rumbo? ¿Cuál es tu rumbo? Si fuera necesario detenerse aún más en esta idea, yo ruego a cada uno de ustedes que le dé la máxima importancia, porque acertar en esto es sencillamente acertar; fallar en esto es simplemente fallar».

El amor y la familia

El llamado al amor es fuerte entre los jóvenes: sueñan con encontrar a la persona adecuada con quien formar una familia y construir una vida juntos. Es una vocación que Dios propone a través de los sentimientos, los deseos y los sueños. El sacramento del matrimonio envuelve esta vocación con la gracia de Dios.

Pero también el aumento de separaciones, divorcios, segundas uniones y familias monoparentales puede causar en los jóvenes sufrimientos y crisis de identidad. Entonces los jóvenes se preguntan si vale la pena formar una nueva familia, ser fieles, ser generosos. El Papa Francisco les dice que sí, que vale la pena apostar por la familia y que en ella encontrarán los mejores estímulos para madurar y las más bellas alegrías para compartir. Pide que no dejen que les roben el amor en serio. Que no dejen que los engañen aquellos que proponen una vida de desenfreno individualista que finalmente lleva al aislamiento y a la peor soledad.

Para aquellos que no son llamados al matrimonio o a la vida consagrada, hay que recordar siempre que la primera vocación y la más importante es la vocación bautismal. Los solteros, incluso si no son intencionales, pueden convertirse en testimonio particular de dicha vocación en su propio camino de crecimiento personal.

Consagración especial

El Espíritu sigue generando vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Es por ello que conviene decirle a cada joven que se pregunte por la posibilidad de seguir este camino.

En el discernimiento de una vocación no hay que descartar la posibilidad de consagrarse a Dios en el sacerdocio, en la vida religiosa o en otras formas de consagración. ¿Por qué excluirlo? Ten la certeza de que, si reconoces un llamado de Dios y lo sigues, eso será lo que te hará pleno.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 2 de junio de 2019 No.1247