En su discurso del 10 de noviembre de 1979 a la Pontificia Academia de las Ciencias, reconoció san Juan Pablo II que «la grandeza de Galileo es de todos conocida», pero que «tuvo que sufrir mucho —no sabríamos ocultarlo— de parte de hombres y organismos de la Iglesia. El Concilio Vaticano II reconoció y deploró ciertas intervenciones indebidas».

En seguida el santo Papa polaco recordaba este texto del número 36 de la Constitución conciliar Gaudium et spes:

«Permítasenos deplorar ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la autonomía legítima de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos. Actitudes que, seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer oposición entre la ciencia y la fe».

Entonces pidió el vicario de Cristo: «Para ir más allá de esta toma de posición del Concilio, deseo que teólogos, sabios e historiadores, animados de espíritu de colaboración sincera, examinen a fondo el caso de Galileo y, reconociendo lealmente los desaciertos vengan de 1a parte que vinieren, hagan desaparecer los recelos que aquel asunto todavía suscita en muchos espíritus contra la concordia provechosa entre ciencia y fe, entre Iglesia y mundo».

En respuesta a la petición, se constituyó dos años después una comisión, coordinada por el cardenal Poupard, y formada por cuatro grupos de trabajo (exegético-cultural, científico-epistemológico, histórico y jurídico), la cual presentó sus conclusiones tras once años de trabajo, el 31 de octubre de 1992, en una nueva reunión plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias, con motivo del 350 aniversario de la muerte de Galileo. El Papa aprovechó la ocasión para pronunciar un discurso sobre el caso Galileo; en él dijo que una de las causas de la condena de Galileo fue que «la mayoría de los teólogos no percibieron la distinción formal entre la Sagrada Escritura y su interpretación, lo que los llevó a transponer indebidamente una cuestión de hecho perteneciente a la investigación científica en el campo de la doctrina de la fe».

Y agregó que una de las lecciones que se deben aprender del juicio a Galileo es «el hecho de que las diferentes disciplinas del conocimiento requieren una diversidad de métodos».

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: A 386 AÑOS, LA POLÉMICA SOBRE GALILEO Y LA IGLESIA SIGUE

Publicado en la edición impresa de El Observador del 23 de junio de 2019 No.1250