Por Jaime Septién

La Imitación de Cristo: fue en ese libro que eché alma», decía la poeta francesa Marie Noël. Al leer esta frase enigmática, volví al libro de Kempis. «Echar alma» es como decimos «echar raíces», afianzarse uno sobre tierra firme. Lograr vencer la tentación sin mirar para otro lado, creerse el listillo o el fortachón: «Muchos quieren huir de las tentaciones y caen en ellas más gravemente. No se pueden vencer con solo huir, mas con paciencia y verdadera humildad somos hechos más fuertes que todos los enemigos».

Paciencia y humildad son las dos grandes raíces del árbol de Cristo. Así se ha construido la Iglesia y así se han formado los grandes santos. «Echar alma» es formar carácter, elevar la casa sobre roca firme, dejarse «contaminar» por Jesús, por la verdadera sabiduría de la vida.

Detrás de la Biblia, de las Confesiones de San Agustín, el Kempis es el libro religioso que más se ha leído en el mundo. Acuden a él los que quieren «echar alma», pero está vedado para los que buscan «elevar su autoestima», hacer su voluntad, «satisfacerse a si mismos» y, como dicen los anuncios de la tele, para los que quieren «dejarse llevar por sus pasiones».

Frente al panorama de una realidad alocada, vertiginosa, atontada por la técnica y el poder, con el período vacacional enfrente, ¿por qué no volver a las páginas de este clásico de la literatura espiritual y «echar alma» en el lugar que nos tocó vivir; libres, sí, pero libres de toda «mundanidad»?

TEMA DE LA SEMANA: VOLVER A KEMPIS PARA ECHAR ALMA

Publicado en la edición impresa de El Observador del 21 de julio de 2019 No.1254