Nicolás Abregú es un cantautor de música católica argentino, con un testimonio de conversión al amor vivo de Cristo. Gracias a una madre espiritual que lo llevó por el camino de la fe cristiana se volvió un músico y compositor enamorado de Jesús. Actualmente Spotify montó su más reciente álbum titulado «Glorifica tú nombre». Casado y padre de una niña, a sus 37 años de edad ha comprendido que el amor de Jesús salva desde lo más profundo, aun cuando parece que se toca el fondo más oscuro. Actualmente evangeliza a través de la música religiosa y por medio de las redes sociales, con la finalidad de que los jóvenes conozcan el camino hacia Jesús. El Observador de la Actualidad conversó con él.

Por Mary Velázquez Dorantes

Nicolás, ¿cómo es tu encuentro con Cristo?

▶ Nací en un carenciado barrio de la provincia de Buenos Aires, Argentina, y criado en una familia aún más carenciada, porque carecíamos de Jesús. Intenté buscar en la calle y en malas compañías el afecto y contención que no encontré en mi hogar, y así fue que lentamente entré en el mundo de las drogas para convertirme en un problema más para mi familia. Mi madre, en un desesperado intento de hacerme cambiar de vida, me obligó a participar en un retiro espiritual, para de esa manera, y sin yo saberlo, entrar en un camino que hasta el día de hoy sigo y seguiré peregrinando. Gracias a este bendecido retiro espiritual, Jesús pone en mi camino a quien considero mi segunda madre, Teresa Alejandro, una mujer que a causa del cáncer estaba limitada a usar bastones para poder movilizarse, pero que, a causa del Espíritu Santo, no tenía límites para llevar la palabra de Dios a los jóvenes sin importar distancias.

Y así mis dos madres determinaron mi camino: mi mamá no solo me dio la vida natural sino que me guio a ver más allá de esta vida sacudiéndome un poco y llevándome a conocer con su insistencia la fuente de vida, y vida eterna. Fue Tere quien en un acto de fe, después de conocerme solo un par de meses, me regala una guitarra y me da una orden: «Vos vas a tocar la guitarra, pero solo para Jesús».

¿Cuáles son los retos para un evangelizador y músico católico en la actualidad?

▶ Quienes evangelizamos por medio de la música y de nuestro testimonio tenemos muchos desafíos. Yo siempre tengo en cuenta uno, por sobre todos: conservar la mirada puesta en Jesús. El ego es algo real en los músicos, y los cristianos no somos la excepción. Personalmente siempre medito en lo que san Pablo dice en su carta a los Corintios: «Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe». Sin Dios como centro de mi vida podría cantar de una manera majestuosa y lograr efectos hermosos con mi voz, pero mi corazón sería como «una campana que resuena o un platillo que retiñe». De hecho lo fui por un tiempo, tuve una banda de rock, linda banda, exitosa en sus primeros pasos pero vacía, no obtuve en ella grandes victorias. Eso no es lo que Dios deseaba para mí. Él quería y quiere tocar el corazón de mis hermanos por medio de las melodías que Él inspira y regala.

¿Cómo has vivido la experiencia de servicio a Dios a través de la música?

▶ El servicio por medio de la música para mí es lo más gratificante que puede haber, ya que somos testigos en primera línea de la acción de Dios en su pueblo. Mi música la comparto un setenta por ciento en ambientes de oración, jornadas diocesanas, retiros espirituales, seminarios, adoraciones, etcétera. Y es tan hermoso cuando unidos en una sola voz lo alabamos y exaltamos, y a su vez también es muy gratificante cuando vemos a Jesús sanar el corazón de cada uno por medio de este hermoso servicio de la música. Y el otro treinta por ciento es un tesoro que acuño en mi corazón. Una canción en las redes o en las distintas plataformas puede ser de gran bendición para los hermanos y por solo escucharla son sanados, tanto, que son movidos a escribirme para dar su testimonio y agradecer al simple instrumento. Yo creo que quienes tenemos la gracia de este servicio, somos extremadamente bendecidos, porque si bien somos como un canal entre Dios y su pueblo, la misma música lo es entre Jesús y nuestro espíritu.

¿Cuáles son los motivos de inspiración al componer tu música?

▶ La mayoría de las canciones son testimoniales, y más que motivos, podría decir que cada canción es como una bitácora, en la cual cuento de mis días con Jesús. En ellas podemos identificar la tristeza y ver cómo logro sobreponerme gracias al auxilio divino. También puedo estar rebosante de alegría y lo expreso con una alabanza que me recuerda que soy pertenencia de Dios. Y personalmente, a diario, traigo a mi corazón y reflexiono sobre algo que tengo como verdad: no soy yo el que logra componer, sino que es Él, el que logra manipular a su instrumento para crear nuevas melodías.

¿Qué mensaje compartirías con los jóvenes de América Latina para que a través de la música católica conocieran a Cristo?

▶ El mejor mensaje que les puedo compartir es el que viví en mi conversión y aún hoy sigo viviendo.

No tengan miedo de dejarse encontrar por Dios a través de la música. Lo podemos encontrar de muchas maneras, pero yo hoy recomiendo la música por la sensibilidad del encuentro, y el gran regalo que recibimos al conocer a Cristo es poderoso y se llama salvación.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 4 de agosto de 2019 No.1256