Dios constantemente ofrece a los hombres remedios para que la muerte del cuerpo no signifique también la muerte del alma. Así, a lo largo de los siglos, ha entregado promesas a sus hijos,  ligadas a ciertas devociones que a veces son tan sencillas que denotan la inmensidad del Amor divino, que «quiere que todos se salven» (I Timoteo 2, 4). Una de ellas, bien hecha, puede ser determinante para los últimos instantes de una persona.

LA SANTA MISA

Jesucristo reveló a santa Gertrudis que a la hora de la muerte el consuelo más grande del alma consistirá en las Misas bien oídas en vida. La Misa, según el fervor con que se asiste, puede disminuir la pena temporal debida por los pecados. Una Misa bien oída durante la vida es de más provecho al alma que muchas que se ofrecieran para su reposo después de la muerte.

LA PRÁCTICA DE LAS TRES AVEMARÍAS

Santa Matilde, religiosa benedictina, suplicó a la Santísima Virgen que la asistiera en la hora de la muerte. La Virgen María le dijo:

«Sí que lo haré; pero quiero que por tu parte me reces diariamente tres Avemarías.

«La primera, pidiendo que así como Dios Padre me encumbró… haciéndome la más poderosa en el Cielo y en la Tierra, así también yo te asista en la Tierra para fortificarte y apartar de ti toda potestad enemiga.

«Por la segunda Avemaría me pedirás que, así como el Hijo de Dios me llenó de sabiduría, en tal extremo que tengo más conocimiento de la Santísima Trinidad que todos los santos, así te asista yo en el trance de la muerte para llenar tu alma de las luces de la fe y de la verdadera sabiduría, para que no la oscurezcan las tinieblas del error e ignorancia.

«Por la tercera pedirás que así como el Espíritu Santo me ha llenado de las dulzuras de su amor, y me ha hecho tan amable que después de Dios soy la más dulce y misericordiosa, así yo te asista en la muerte llenando tu alma de tal suavidad de amor divino, que toda pena y amargura de muerte se cambie para ti en delicias».

EL ESCAPULARIO CAFÉ

El 16 de julio de 1251 la Virgen María entregó a san Simón Stock, superior general de los carmelitas, el escapulario café, prometiendo para aquellos a quienes se los coloque un sacerdote: «El que muriere con el escapulario no padecerá el fuego del Infierno».

O sea que  la intercesión de la Virgen a través de este sacramental es para que, quien está en Gracia, persevere hasta el final en ella; y para quien la ha perdido, reciba una ayuda particular para que se arrepientan verdaderamente de sus pecados aunque sea en los últimos momentos de su vida.

En el año 1322 la Virgen reveló al Papa Juan XXII esta segunda promesa: «Yo, Madre de misericordia, libraré del Purgatorio y llevaré al Cielo, el sábado después de su muerte, a cuantos hubiesen vestido mi escapulario».

PROMESAS A QUIENES RECEN EL ROSARIO

Entre las 15 promesas o revelaciones que la Virgen María hizo a santo Domingo de Guzmán para quienes recen frecuentemente y con devoción el Rosario, figuran éstas:

«Quien rece el Rosario devotamente… no tendrá una muerte violenta, y si es justo, permanecerá en la Gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la vida eterna… Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los sagrados sacramentos… Mi Hijo me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la muerte».

COMUNIÓN EN NUEVE PRIMEROS VIERNES DE MES

Cristo prometió a santa Margarita María de Alacoque que su Sagrado Corazón «concederá a todos aquellos que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: no morirán en desgracia Mía, ni sin recibir sus sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento».

COMUNIÓN REPARADOR EN CINCO PRIMEROS SÁBADOS DE MES

La Santísima Virgen dijo a Lucía de Fátima el 10 de diciembre de 1925: «Yo prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para la salvación a todos los que en el primer sábado de cinco meses consecutivos, confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando los misterios del Rosario, con el fin de ofrecerme reparación».

CORONILLA REZADA JUNTO A LOS MORIBUNDOS

El viernes 13 de septiembre de 1935 Jesucristo le enseñó a santa Faustina Kowalska el rezo de la Coronilla de la Misericordia y le prometió: «Quienquiera que la rece recibirá gran misericordia a la hora de la muerte»; «Mi misericordia las envolverá en vida y especialmente a la hora de la muerte». El Señor además hizo esta magnífica revelación:

«Cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso».

EL VIA CRUCIS

Al hermano lasallista Estanislao José le fueron reveladas por Cristo 14 promesas del Via Crucis; entre ellas: «Yo prometo la Vida Eterna a los que, de vez en cuando, se aplican a rezar el Via Crucis… y si estos devotos llegasen al Purgatorio, Yo los libraré de ese lugar de expiación, el primer martes o viernes después de morir… A la hora de la muerte no permitiré que sean sujetos a la tentación del demonio…, así podrán reposar tranquilamente en mis brazos».

TEMA DE LA SEMANA: LOS ÚLTIMOS INSTANTES: GUÍA PARA EL BIEN MORIR
Publicado en la edición impresa de El Observador del 4 de agosto de 2019 No.1256