Por Mario De Gasperín Gasperín, obispo emérito de Querétaro

En su visita a México, el Papa Francisco nos invitó a profundizar en nuestra relación con la Virgen de Guadalupe.

Nos enseñó a descubrir en sus gestos y palabras el modelo perfecto del seguimiento de su hijo Jesucristo. Retomo aquí algunas de sus palabras para que, mirando el rostro de Nuestra Madre y dejándonos mirar por Ella, se ilumine nuestra vida y recobremos la salud y la alegría para nuestras familias, para nuestra patria y para nuestra diócesis en este Año Jubilar Mariano. Nos explica el Papa:

 Por qué pasó orando largos momentos ante la imagen de la Guadalupana:

«Como hizo San Juan Diego, también el Papa cultiva desde hace tiempo el deseo de mirarla. Más aún, quería yo mismo ser alcanzado por su mirada materna. He reflexionado mucho sobre el misterio de esta mirada y les ruego acojan cuanto brota de mi corazón de Pastor en este momento».

 Qué nos enseña la mirada de la Virgen:

«Ante todo, la ´Virgen Morenita´ nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios. Aquello que encanta y atrae, aquello que doblega y vence, aquello que abre y desencadena no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de su misericordia».

 Para quién tiene una mirada especial:

«Una mirada de singular delicadeza les pido para los pueblos indígenas, para ellos y no menos para sus fascinantes y no pocas veces masacradas culturas. México tiene necesidad de sus raíces amerindias para no quedarse en un enigma irresuelto».

 Por qué una mirada mestiza:

«Que las miradas de ustedes, reposadas siempre y solamente en Cristo, sean capaces de contribuir a la unidad de su Pueblo; de favorecer la reconciliación de sus diferencias y la integración de sus diversidades; de promover la solución de sus problemas endógenos; de recordar la medida alta que México puede alcanzar si aprende a permanecerse a sí mismo antes que a Otros».

 Una mirada que abarca a todos,no sólo a un grupo:

«Sólo mirando a la ´Morenita´, México se entiende por completo. Por tanto, les invito a comprender que la misión que la Iglesia les confía requiere esta mirada que abarque la totalidad».

 Una mirada que da vida:

«La Guadalupana está ceñida de una cintura que anuncia la fecundidad. Es la Virgen que lleva ya en su vientre el Hijo esperado por los hombres. Es la Madre que ya gesta la humanidad del nuevo mundo naciente. Es la Esposa que prefigura la maternidad fecunda de la Iglesia de Cristo».

 Una mirada samaritana:

«Muchos (hermanos migrantes) dejan atrás las propias raíces para aventurarse, aún en la clandestinidad que implica todo tipo de riesgos, a la búsqueda de una ´luz verde´ que juzgan como su esperanza. Testimonien juntos que la Iglesia es custodia de una visión unitaria del hombre y no puede compartir que sea reducido a un mero ´recurso´ humano».

«No será vana la premura de sus diócesis en echar el poco de bálsamo que tienen en los pies heridos de quien atraviesa sus territorios y de gastar en ellos el dinero duramente colectado».

Para el Papa Francisco, en la mirada compasiva y misericordiosa de María Santísima de Guadalupe, México se encuentra con su pasado indígena, se reconcilia con su historia dramática, y se abre a la esperanza con la presencia del «verdaderísimo Dios por quien se vive», Jesucristo Nuestro Señor.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 28 de julio de 2019 No.1255