Cuando el obispo de una diócesis erige una parroquia, la encomienda a un presbítero a quien le da el cargo de párroco, a fin de que sea pastor espiritual de la comunidad.

Como la misión del párroco es velar por las almas de los fieles a él encomendadas, cada parroquia tiene las siguientes obligaciones:

  • Hacer que la Palabra de Dios se anuncie en su integridad a todos los que viven en el territorio de la parroquia. Para ayudarse en esta tarea, durante las Misas debe proporcionar homilías que adoctrinen a los fieles en las verdades de la fe; y ofrecerles formación catequética.
  • Encargarse de que los fieles puedan acceder a los sacramentos que necesitan. En especial hacer que la Eucaristía sea el centro de la comunidad parroquial, para lo cual debe procurar que los fieles reciban frecuentemente la Comunión Eucarística y el sacramento de la Penitencia.
  • Conocer a los fieles que constituyen la parroquia, para lo cual deben ser visitadas las familias a fin de participar de modo particular en sus preocupaciones y angustias, así como en su dolor por el fallecimiento de seres queridos, y corrigiéndolos si se apartan de la buena conducta.
  • Dar asistencia a los matrimonios. Ayudar a los enfermos, especialmente a los moribundos, fortaleciéndolos con la administración de los sacramentos. Y atender a los pobres, a los afligidos y a quienes se encuentran solos.
  • Promover la participación de los fieles laicos en la misión de la Iglesia asumiendo las funciones que les son propias.
  • En resumen, la finalidad de la parroquia es que esta estructura sea usada por el párroco para regir, enseñar y, sobre todo, para santificar a todos los individuos que la conforman.

Con información del Código de Derecho Canónico

TEMA DE LA SEMANA: UN TALLER PARA APRENDER A ORAR

Publicado en la edición impresa de El Observador del 18 de agosto de 2019 No.1258