Sus visiones de Jesucristo

Algo poco conocido es que a santa Teresa de Calcuta le fueron concedidas visiones y locuciones de Jesucristo.

Esto ocurrió antes de fundar la congregación de las Misioneras de la Caridad, es decir, cuando pertenecía a la congregación de las Hermanas de Loreto.

Fue a dos años de su fallecimiento, cuando se abrió la causa de su canonización, que al revisar los documentos sobre su vida fueron encontrados escritos privados suyos donde relataba estas locuciones y visiones sobrenaturales, ocurridas del 10 de septiembre de 1946 al 3 de diciembre de 1947.

Así, Jesús le dijo un día durante la Comunión:

«Quiero religiosas indias, víctimas de mi Amor, que sean como Marta y María, que estén tan unidas a Mí como para irradiar mi amor a las almas».

Eso es lo que la madre Teresa hizo: irradiar amor. Ella no salió a buscar vocaciones a fin de, ya formada una pequeña comunidad, ponerse a trabajar en la misión encomendada; lo que ella hizo fue ir directamente a buscar a los más pobres entre los pobres y amarlos y servirlos, y a través de esa voluntad divina cumplida fue que Dios atrajo a decenas, cientos y luego a miles de futuras religiosas.

Pero la idea de abandonar su vocación religiosa a la enseñanza escolar para lanzarse a otra llena de incertidumbre la asustó. Aquí está parte de su diálogo con Jesús:

— Cómo podría, Señor, dejar lo que he amado…

— ¿Te negarás? Yo me entregué por ti en la Cruz… Deseo religiosas libres, cubiertas con mi pobreza de la Cruz. ¿Te negarás a hacer esto por Mí?

— Mi querido Jesús, lo que me pides va más allá de mis fuerzas. Soy indigna. Soy una pecadora. Soy débil. Busca un alma más digna…

— Te has convertido en mi esposa por amor a Mí. Has venido a la India por mí. ¿Te da miedo ahora dar un paso más por Mí, tu Esposo, y por las almas? ¿Se está enfriando tu generosidad? ¿Soy el segundo para Ti?…

— Dame luz… Tengo mucho miedo. Miedo a vivir al estilo indio, vistiendo como ellos, comiendo como ellos, durmiendo como ellos, viviendo con ellos…

—Siempre has dicho: «Haz conmigo lo que desees»… Permíteme hacerlo, mi pequeña esposa, mi chiquitina. No tengas miedo. Estaré siempre contigo… Dame las almas de los niñitos pobres de la calle, de los enfermos, de los moribundos… Hay muchas religiosas para cuidar a la gente rica y acomodada. Pero para los más pobres, para los míos, no hay absolutamente nadie.

Su «Noche oscura»

Después de la hermosa Gracia dada por Dios a santa Teresa de Calcuta, consistente en visiones y locuciones, le permitió experimentar algo por lo que también pasaron místicos como san Juan de la Cruz, santa Teresita del Niño Jesús o san Pablo de la Cruz, por mencionar a algunos cuantos: una etapa terrible de oscuridad, sequedad y desolación espiritual, a la que san Juan de la Cruz nombró precisamente como «la noche oscura del alma».

Si Dios permite que una persona pueda atravesar por una experiencia semejante es con la finalidad de conducirla por la más profunda purificación del espíritu.

Una «noche oscura» puede ser muy larga: la de san Pablo de la Cruz duró 45 años.

La de santa Teresa de Calcuta comenzó en 1948, poco antes de iniciar su aventura con los pobres, y duró casi hasta su muerte en 1997; pero Dios le concedió breves períodos de alivio.

¿Poseída?

La mayoría de los periódicos seculares publicaron en 2001 que la madre Teresa de Calcuta había sido poseída por el diablo en 1997, en su lecho de muerte, por lo cual se le había tenido que hacer un exorcismo. ¿Qué hay de cierto?

Para empezar, es un hecho que Satanás y sus huestes se dedican a disputarle a Dios las almas de los seres humanos, y que hacer caer a los más santos es su especial objetivo; recuérdese, por ejemplo, la vida del santo Job, narrada en las Sagradas Escrituras.

Y Dios, en la «noche oscura», permite que sobrevenga la tentación demoniaca, que hace que el alma se sienta sola, abandonada y llena de dudas, mientras el Maligno le grita una y otra vez que Dios no existe. Precisamente santa Teresa de Calcuta escribió en 1959: «Me siento perdida. Dios no me quiere. Dios podría no ser Dios. Podría no existir». Sin embargo, a pesar de no sentirlo, jamás abandonó a Dios ni la misión que Él le encomendó.

El padre Brian Kolediejchuk, postulador de la causa de canonización de la madre Teresa, explicó que, no en 1997, sino en 1996, estando enferma e internada en un hospital de Calcuta, el médico notó que se hallaba inquieta y que nada la tranquilizaba. Entonces monseñor Henry Sebastian De Sousa, arzobispo cuadjutor de Calcuta, que también estaba hospitalizado en el mismo lugar, le envió a un sacerdote, el salesiano Rosario Stroscio, el cual rezó por ella la oración a San Miguel Arcángel.

«Ella no pronunció conmigo la oración, como si estuviera luchando contra la desazón, pero las religiosas que la rodeaban se mostraron preocupadas por lo que sucedía», contó el padre Stroscio. El mismo sacerdote explicó que, aunque dicha oración se usa también en los exorcismos, «la madre Teresa no estaba poseída por el demonio, sino que sufrió los ataques del demonio desde fuera».

Es decir, se trató de un asedio demoniaco que buscaba arrebatarle la paz interior. Ademas, esto no pone en tela juicio la santidad de la religiosa, pues de hecho son episodios muy comunes en la vida de santos o místicos, como san Juan Bosco o san Juan María Vianney.

EO / Redacción

TEMA DE LA SEMANA: LA OBRA DE SANTA TERESA DE CALCUTA, ¿SIGUE VIVA?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 1 de septiembre de 2019 No.1260