Cuando la madre Teresa de Calcuta obtuvo permiso para salir en 1948 del convento y dedicarse a ayudar a los pobres más pobres de la Tierra, comenzó sola. No salió a buscar vocaciones a fin de fundar una congregación religiosa, sino que simplemente se puso a trabajar en lo que Dios le estaba pidiendo.

Pero muchachas de la India, y después de toda clase de países, se le unieron para abrazar esta incomprensible —para el mundo— forma de vida; de este modo surgió oficialmente en 1950 la congregación de las Misioneras de la Caridad, y antes de que se cumplieran 50 años ya eran más de cuatro mil.

También algunos jóvenes varones, contagiados por el ejemplo de la madre Teresa, se sintieron llamados a esta forma de vida radical, por lo que la santa fundó en 1963 la rama masculina de los Hermanos Misioneros de la Caridad, que en los años 90 eran unos cuatrocientos.

Aunque la obra de santa Teresa de Calcuta es de una expresión muy activa (atender a leprosos, deficientes mentales, personas con SIDA y a otros enfermos en situación de abandono; acoger a los moribundos y a los huérfanos; dar de comer a los pobres, enseñarles a leer y escribir, y hasta darles empleo; etcétera), la parte contemplativa es fundamental —según la famosa regla monástica ora et labora, es decir, ora y trabaja—; por eso decía la madre Teresa: «No somos trabajadoras sociales, sino contemplativas, nuestras vidas se basan en la oración». Por eso las hermanas comienzan el día orando juntas, y a la hora del almuerzo y de la cena vuelven a reunirse y rezan.

Tan importante es la oración para que esta orden religiosa pueda existir y funcionar, que en 1976 la madre Teresa fundó la rama de las Misioneras de la Caridad Contemplativas, y en 1979 la rama de los Misioneros de la Caridad Contemplativos. Estas dos vertientes se dedican a adorar a Jesús en el Santísimo Sacramento, al silencio, a la soledad, al ayuno y a la penitencia; pero también acompañan durante dos o tres horas al día a personas que espiritualmente son las más pobres entre los pobres, y a ellas les proclaman la Palabra de Dios.

Finalmente, en 1984 santa Terea de Calcuta fundó la rama de los Padres Misioneros de la Caridad, que combina el servicio a los pobres más pobres junto con el sacerdocio ministerial.

Charlotte Gray cuenta en su libro Madre Teresa la vida de las muchachas que, renunciando a todo, se adhieren a las Misioneras de la Caridad y se vuelven muy felices:

  • Hacen voto de pobreza absoluta.
  • A ninguna hermana se le permite recibir cartas o regalos personales.
  • No leen libros, a menos que sean religiosos.
  • Los paraguas son todos de la comunidad.
  • A cada hermana se le asignan tres saris (su hábito religioso, inspirado en la vestimenta tradicional de las mujeres pobres en la India): uno para usar, uno para lavar y uno para que se seque y remendar. También un par de sandalias.
  • Ellas lavan su ropa en cubetas. Mucha gente les ha ofrecido regalarles lavadoras, pero ellas no lo aceptan porque optaron por ayudar a los pobres siendo pobres.
  • Se les dan dos juegos de ropa interior. En la India esta ropa la elaboran con costales viejos que tienen que ser lavados por lo menos diez veces antes de que sean suficientemente suaves para que la ropa pueda ser usada.
  • Además, a cada una se le entrega un rosario y un pequeño crucifijo que usa pegado al hombro izquierdo. Igualmente a cada hermana se le da una Biblia.
  • Como propiedad personal se les entrega una cuchara de metal, un plato y una bolsa elaborada por los pobres.
  • En los países fríos pueden usar saco, abrigo y paraguas, pero todos estos elementos no son personales sino propiedad comunal.

En algunas casas de las Misioneras de la Caridad hay camas para ellas, pero como lo más importante es que los pobres tengan sitio, a veces les toca dormir en los lugares menos esperados. «Yo duermo esta noche en una mesa —comenta alegremente una religiosa italiana que trabaja en Calcuta—. Cambiamos cada mes; el pasado yo estaba en una cama, pero tenemos tantas hermanas viviendo aquí que tenemos que dormir en las sillas, las mesas y hasta en el piso. Aun así, yo duermo muy bien».

D. R. G. B.

TEMA DE LA SEMANA: LA OBRA DE SANTA TERESA DE CALCUTA, ¿SIGUE VIVA?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 1 de septiembre de 2019 No.1260