El 8 de septiembre la Iglesia celebra la Natividad de María Santísima. Los misterios de su concepción y nacimiento se recogen de manera velada en la Biblia, mientras que la Tradición, así como las revelaciones privadas recibidas por santos y místicos a través de los siglos, ofrecen datos más concretos. Con base en ello, esta es su hermosa historia:

Dios predestinó a María desde toda la eternidad para ser la Madre del Verbo Encarnado, y Reina de los Àngeles. Pero Lucifer (Satanás) y la tercera parte de todos los espíritus angélicos se adoraron a sí mismos y, llenos de soberbia (Is 14, 12-13), decidieron no servir y adorar a Dios (Jr 2, 20; ), capaz de humillarse naciendo de una Mujer como un miembro de la imperfecta especie humana. Entonces Satanás y sus huestes fueron expulsados del Cielo (Is 14, 12. 15; II Pe 2, 4; Apo 12, 7-9.)

La primera revelación que Dios entregó a los hombres sobre la Santísima Virgen quedó recogida en el libro del Génesis, cuando Él dijo a la Serpiente (Satanás): «Enemistad pondré entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te aplastará la cabeza mientras tú asechas su talón» (Gn 3, 15). A Adán, Abraham, Jacob, David y Elías les fue revelado algo del misterio de la Inmaculada Concepción de María.

Los ángeles buenos amaron y adoraron a Dios, y Él les reveló que María aventajaría a todas las criaturas, angélicas y humanas, en los dones de gracia, santidad y gloria. Después de la caída de Adán y Eva, Dios Trino les mostró que restauraría a la humanidad mediante la encarnación de Dios Hijo en el seno de María; y les mostró una visión de su Reina (Ap 12, 1), y ellos la veneraron desde antes de que existiera.

La madre de María fue santa Ana (Anna), que pertenecía al grupo de los piadosos esenios. Se casaban siguiendo los consejos del esenio que custodiaba la vara de Aarón, que producía brote y floración poco antes de una unión matrimonial si ésta entraba en los planes de Dios (así sucedió, por ejemplo, cuando se designó a san José para ser esposo de la Virgen; por ello se le representa con una vara floreada).

De este modo santa Ana, cuya familia era rica, se casó con san Joaquín (Helí o Heliaquín), descendiente de David, que era pobre de bienes pero con un gran anhelo por la llegada del Mesías. Ellos acostumbraban repartir sus ganados y bienes en tres partes: una para el templo, otra para los pobres y los parientes necesitados, y otra inferior para ellos. Vivían modestamente y Dios los bendecía haciendo que su parte volviera a aumentar como al principio.

En el templo Dios reveló a san Joaquín que su esposa daría a luz a una niña inmaculada, y que él debía darle el nombre de Myriam (María). Al encontrarse con santa Ana en la puerta dorada se abrazaron. Y con ese solo abrazo ocurrió la concepción de María Santísima, libre del pecado original.

Como la Iglesia celebra litúrgicamente la Inmaculada Concepción de María el 8 de diciembre, nueve meses después celebra su nacimiento: el 8 de septiembre.

TEMA DE LA SEMANA: CONOCER PARA AMAR A MARÍA SANTÍSIMA

Publicado en la edición impresa de El Observador del 8 de septiembre de 2019 No.1261