Por Diana R. García B.

Un cristiano católico, por el mero hecho de serlo, debería amar a la Virgen. Pero en la práctica no todos sienten dicho amor del mismo modo ni en la misma medida. Hay santos de un amor mariano tan intenso que resulta casi incomprensible para los demás.

Qué tanto amarla

En general, casi ningún ser humano ama a la Santísima Virgen tanto como podría hacerlo y como a Dios le gustaría que ocurriera.

Aun así, hay quienes temen amar en exceso a María, creyendo que con ello cometen una especie de agravio contra Dios, poniéndolo celoso. A ellos responde san Maximiliano Kolbe con estas palabras:

«Nunca tengas miedo de amar demasiado a la Virgen. Jamás podrás amarla más que Jesús».

Otras veces se tiene miedo de que el amor a la Madre de Dios se convierta en, por ejemplo, un obstáculo ecuménico. Así, en abril de 2016, un predicador pontificio sorprendió con esta extraña afirmación: «Hemos contribuido a volver a María inaceptable a los hermanos protestantes, honrándola a veces de manera exagerada y desconsiderada». Los santos, sin embargo, han pensado distinto. Decía, allá en el siglo XIII, san Buenaventura: «Nadie puede ser demasiado devoto de la Santísima Virgen».

Amor mexicano

México ha tenido desde su origen una relación tan única e irrepetible con la Santísima Virgen, que sin ella no es nada. Anotaba Ignacio Manuel Altamirano, escritor mexicano del siglo XIX:

«El día que no se venere a la Virgen del Tepeyac en esta tierra, es seguro que habrá desaparecido no sólo la nacionalidad mexicana, sino hasta el recuerdo de los moradores del
México actual».

La Basílica de Guadalupe, en el Tepeyac, sigue siendo el santuario mariano más visitado del mundo, con 20 millones de peregrinos por año. Y hay más advocaciones, basílicas, templos, etc., por todo el territorio nacional, a las que miles acuden a mostrarle su amor, su agradecimiento y sus súplicas a la Madre de Dios. Se puede decir, pues, que México sigue amando a la Virgen. Sin embargo, conforme pasan los años, este amor ha perdido mucho de su ardor, y ello se nota en los acontecimientos nacionales.

  • «¡Amen a la Virgeny háganla amar». (San Pío de Pietrelcina)
  • «Una tierna devoción a la Virgen es una de las Gracias que Dios suele conceder a aquellos que Él quiere colmar de sus favores».(San Alfonso María de Ligorio).
  • «Jesucristo, luego de habernos dado todo aquello que podía darnos, nos hizo incluso herederos de lo más precioso que tenía, es decir, de su Santa Madre». (San Juan María Vianney)

TEMA DE LA SEMANA: CONOCER PARA AMAR A MARÍA SANTÍSIMA

Publicado en la edición impresa de El Observador del 8 de septiembre de 2019 No.1261