La Biblia habla tan poco de la persona de san Judas que se hace necesario recurrir también a otras fuentes —a la Tradición, a las revelaciones privadas e incluso a leyendas— para averiguar más de este santo que fue uno de los doce Apóstoles de Jesucristo.

SU NOMBRE

Su nombre real era Judas. En la lista de los doce Apóstoles, el evangelista san Lucas lo presenta así: «Judas de Santiago» (Lc 6, 16). También en los Hechos de los Apóstoles se le vuelve a llamar «Judas de Santiago» (Hch 1, 13). Esto, para distinguirlo dado que había nombres repetidos entre
los Apóstoles:

  • Había dos llamados Simón, siendo uno de ellos apodado «el Cananeo» Mt 10, 4 y Mc 3, 18 ) o «Zelote» (cfr. Lc 6, 15), mientras que Cristo le dio al otro Simón el sobrenombre de «Pedro» (cfr Lc 6, 14).
  • Dos se llamaban Santiago, por lo que hubo que distinguirlos como «Santiago el de Zebedeo» (Mt 10, 2 y Mc 3, 17) y «Santiago el de Alfeo» (Mt 10, 3 y Mc 3, 18), siendo Zebedeo y Alfeo los respectivos padres de estos Apóstoles.
  • Y había dos Judas, por lo que a uno se le llamó «Judas Iscariote» (Mc 3, 19, Lc 6, 16) o «Judas el Iscariote» (Mt 10, 4), lo que hacía referencia a que el Apóstol que traicionó a Jesús era originario de un pequeño poblado llamado Iscariot. Para no confundirlo con el Iscariote, al otro Judas se le dio el sobrenombre de Tadeo, y así es como aparece en la lista de los doce Apóstoles en en el Evangelio según san Mateo y según san Marcos (cfr. Mt 10, 3 y Mc 3, 18). El evangelista san Juan lo llama «Judas, no el Iscariote» (Jn 14:22). Y el propio san Judas se presenta a sí mismo sin el apodo: «Judas, siervo de Jesucristo» (Jd 1, 1).

Según algunos, Tadeo es una palabra hebrea que significa «valiente» o «magnánimo» Unos más aseguran que viene de la palabra aramea Taddajja, que significa «valiente», «digno de elogio» y «lleno de corazón». Pero Jesucristo le aclaró a santa Brígida de Suecia en una revelación privada dada en el siglo XIV que Tadeo significa «el amable» o «el lleno de amor».

Así, para los cristianos este Apóstol es san Judas Tadeo.

¿ERA «HERMANO», «HERMANASTRO» O «PRIMO» DE JESUCRISTO?

San Judas Tadeo se presentó a sí mismo como «hermano de Santiago» (Jud 1, 1). Y este Santiago, hijo de Alfeo, a su vez es llamado por san Pablo como «el hermano del Señor» (Gal 1, 19 ), es decir, de Jesucristo.

Los protestantes creen que la Virgen María no es virgen, pues se lee en la Biblia que, cuando Jesús regresó a Nazaret y predicó, la gente decía:

«¿De dónde le viene a Éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es Éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros?» (Mt 13, 54-56; cfr, Mc 6, 3).

En esta lista aparece san Judas, por lo que suponen que era medio hermano de Jesús.

Según los evangelios apócrifos, san José era viudo y padre de Santiago, José, Simón y Judas cuando fue casado para custodiar a la Virgen María, por lo que Jesucristo era hermanastro de san Judas.

Pero la Biblia desmiente tanto a apócrifos como a protestantes:

  • «Santiago, hijo de Alfeo, … Judas, hermano de Santiago» (Lc 6, 15-16). Así, ni Santiago ni san Judas eran hijos de san José o de la Virgen María.
  • «Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre y la hermana de su Madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena» (Jn 19, 25). «Estaban María Magdalena, María —la madre de Santiago y de José— y la madre de los hijos de Zebedeo» (Mt 27, 56). «Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé» (Mc 15, 40). Así, María de Cleofás, «hermana» de la Virgen, era la madre de los cuatro «hermanos» de Jesús.

Las biografías de san Judas Tadeo se contradicen unas a otras. Unas afirman que la Virgen era prima hermana de María de Cleofás y, por tanto, que Jesús y Judas eran primos segundos. Otras, que el padre de san Judas no era Alfeo, sino Cleofás; o bien que Alfeo y Cleofás eran los dos nombres de una misma persona. O que Cleofás era hermano de san José, por lo que san Judas venía a ser legalmente primo hermano de Jesús porque se consideraba a san José como padre del Redentor. Y una más, que santa Ana se había casado tres veces: primero con san Joaquín, con quien procreó a la Virgen María; luego con Cleofás, con quien habría procreado a María de Cleofás, madre de san Judas, y luego con Solas o Salom, con quien habría procreado a María Salomé, esposa de Zebedeo y madre de Santiago el Mayor y san Juan.

Las confusiones se deben a que en arameo una sola palabra, aha, designa múltiples parentescos, pues quiere decir hermano, medio hermano, hermanastro, primo hermano, primo lejano, tío o sobrino; incluso designa al que es del mismo pueblo, tribu, país o raza.

De acuerdo con las visiones sobrenaturales que Dios le concedió a la beata Ana Catalina Emmerick, la Virgen tenía una hermana biológica mucho mayor, «María Helí», madre de «María Cleofás», prima hermana de Jesús, por lo que san Judas era sobrino segundo del Señor:

DÓNDE EVANGELIZÓ

En las revelaciones privadas concedidas a la mística sor María de Jesús de Ágreda, en el siglo XIV, recogidas en la obra Mística Ciudad de Dios, se especifica dónde predicó cada uno de los doce Apóstoles —considerando a san Matías, el que reemplazó el lugar dejado por el traidor Judas Iscariote—, señalando que estos fueron los lugares de misión de san Judas Tadeo:

«El siervo de Cristo y nuestro carísimo hermano Judas Tadeo seguirá a nuestro Maestro predicando en Mesopotamia y después se juntará con Simón para predicar en Babilonia y en la Persia».

Antes de eso, san Simón había evangelizado en Egipto y en Escitia (Ucrania y sur de Rusia). Dice la beata Anna Catalina que era hermano de san Judas; por tanto, sería el Simón hijo de María de Cleofás. Fue apodado «Zelote», que significa «apasionado» o «celoso», porque antes de seguir a Jesús habría pertenecido al movimiento político, religioso y nacionalista de los zelotes; o «el Cananeo» por una transposición al griego de la palabra hebrea que designa a los zelotes: qanaim.

PRODIGIOS Y MARTIRIO

A la beata Anna Catalina le fue revelado que san Judas Tadeo fue a ver al rey Abgar de Edesa (hoy es parte de Turquía), que estaba enfermo de lepra.

«Cuando Tadeo llegó hasta el rey, vio éste, junto al Apóstol, el rostro luminoso de Jesús, y se inclinó profundamente. Por medio de la imposición de sus manos, sanó Tadeo al rey Abgar de la lepra», y el rey se convirtió a Cristo. Muchos otros abrazaron la fe cristiana en Edesa, y en cuanto al rey Abgar, más tarde llegó a ser obispo de Babilonia.

Algunas tradiciones recogen que Serafia —por sobrenombre Verónica— le había dado su velo impreso con el rostro de Cristo a san Judas, y que éste lo llevaba en sus evangelizaciones. Según Eusebio, san Judas le mostró el velo al rey antes de curarlo.

Años después, Dios dispuso que san Judas y san Simón coincidieran en Persia, donde lograron la conversión a Cristo de miles de habitantes. Según la leyenda, dos sacerdotes idólatras —presuntamente llamados Zaroes y Arfexat—, habiendo perdido toda credibilidad ante la predicación de los dos Apóstoles, decidieron adelantárseles cuando éstos se dirigían a la ciudad de Suamir, con el fin de predicar el Evangelio a los habitantes por vez primera. De este modo, los sacerdotes pérfidos dijeron al pueblo que habían llegados dos extranjeros que estaban quitando el culto a los dioses y que debían morir.

Llegados Judas y Simón, fueron recibidos con gritos y maltratados, y se les apresó y condujo a un templo pagano para que adoraran al sol y a la luna. Aunque los golpearon con un mazo hasta la sangre para obligarlos, los santos se negaron a adorar a los falsos dioses. Luego un ángel del señor se apareció a Judas y a Simón y les dijo: «Elegid entre estas dos cosas la que queráis: o que toda esta gente muera ahora mismo repentinamente, o vuestro propio martirio». Los Apóstoles respondieron: «La elección ya está hecha. Pedimos a Dios misericordioso una doble merced: que conceda a esta ciudad la gracia de su conversión, y a nosotros el honor de morir mártires». Entonces a san Simón lo mataron cortándolo por la mitad con una sierra, mientras que a san Judas Tadeo le cortaron la cabeza con un hacha. En documentos de la época se lee que, en el momento en que murieron, se desplomó el templo pagano, dando muerte a Zaroes y Arfexat.

Pero la beata Ana Catalina vio otra cosa: que fue a la llegada de los Apóstoles a la ciudad que «los ídolos se desplomaron destruidos y que del templo caían escombros», razón por la que se produjo el tumulto y la muerte de los santos: «He visto cómo al apóstol Tadeo le partieron la cabeza en dos partes, por en medio de la cara, con el hacha que tenía un hombre en el cinto».

Al enterarse del asesinato de los Apóstoles, Abgar fue a recoger los cuerpos y los llevó a Babilonia. Siglos después las reliquias se trasladaron de Babilonia a Roma, y hoy reposan en la basílica de San Pedro.

¿EPÍSTOLA DE SAN JUDAS?

La mayoría de los católicos lo ignoran, pero san Judas Tadeo es uno de los autores humanos de la Biblia pues, iluminado por el Espíritu Santo, escribió una de las epístolas más pequeñas del Nuevo Testamento.

Se llama Epístola de san Judas o Carta de san Judas, y se ubica hacia la parte final de las Sagradas Escrituras, justo antes del libro del Apocalipsis.

Consta de apenas un solo capítulo y 25 versículos. Sin embargo, no por eso su contenido es desdeñable.

Por el contrario, en su carta se pueden encontrar cosas como las siguientes:

  • Una amonestación para los falsificadores de la doctrina (Judas 3-4, y da ejemplos de personas castigadas en el Antiguo Testamento (Judas 5-16).
  • Incitación a amar a Dios, a fortalecer la fe y ayudar a los hermanos que tienen dudas (Judas 17-23).
  • Una promesa y alabanza a Dios (Judas 24-25).

San Judas no escribió su carta para una comunidad cristiana en particular —como sí hizo san Pablo en su tiempo: a los romanos, a los corintios, a los filipenses, a los gálatas, etc-—, sino a los cristianos en general, por ello habla de la común salvación (Judas 3).

También hace referencia a los ángeles caídos, así como de la pena del fuego eterno para Sodoma, Gomorra y las demás ciudades fornicarias.

Su lectura es muy importante para estos momentos, pues justo ahora ocurre lo que san Judas advirtió en su versículo 18: «En los últimos tiempos habrá burladores que irán tras sus propias pasiones impías».

SANTOS PATRONOS DE LAS CAUSAS DESESPERADAS

Junto con san Judas Tadeo, existen otros tres santos conocidos especialmente por su destreza en interceder por causas que consideramos imposibles, sin esperanza, y perdidas:

Santa Rita de Casia

Santa Rita nació en 1381 en Italia. A pesar de que vivió una vida muy difícil, no perdió la fe ni disminuyó su amor a Dios. Cuando enviudó y sus hijos murieron, ingresó al convento. Durante el resto de su vida y hasta su muerte en 1457, santa Rita experimentó un estigma en la frente; pero esa herida fea y abierta era maloliente y generaba repulsión a los que la rodeaban. Son incontables los milagros atribuidos a su intercesión.

Santa Filomena

Ella fue uno de los primeros mártires del cristianismo. Se sabe muy poco de su vida en la tierra, excepto que dedicó su vriginidad a Cristo, y que tenía unos 13 años cuando fue torturada y finalmente decapitada por su negativa a casarse y a ofrecer sacrificio a los dioses del imperio romano. Los milagros atribuidos a su intercesión eran tan numerosos que fue canonizada basándose en estos milagros y en su martirio.

San Gregorio

Conocido como Gregorio Taumaturgo o Gregorio el Milagroso, nació en Asia Menor hacia el año 213. A los 14 años se convirtió a Cristo, a los 40 se convirtió en obispo de Cesarea y convirtió a tantos que cuando murió ya sólo había 17 paganos en todo el territorio. Dios realizó infinidad de milagros por intercesión de san Gregorio, tanto en vida del santo como después de muerto.

LAS IMÁGENES DEL SANTO

Si, como escribiera Eusebio de Cesarea, san Judas Tadeo llevaba consigo el velo de la Verónica y se lo mostró al rey de Edesa antes de sanarlo, es posible que la transmisión oral de este hecho fuera perdiendo precisión hasta que simplemente se habló de que el santo llevaba una imagen de Jesús consigo, y cada quien la interpretó a su manera: un paño, una pintura o un medallón, como hoy suele representarse a san Judas.

Pero existe una imagen llamada Mandylion, o también «lienzo de Edesa» o «imagen de Edesa», que es una pieza de tela en que se habría impreso milagrosamente el rostro de Jesús. Aquí la leyenda se desvirtúa, atribuyendo ya no a san Judas Tadeo, sino a un discípulo posterior llamado Tadeo de Edesa, el portar el Madylion y mostrarlo al rey Abgar, quedando éste curado.

El hecho es que todas estas cosas han influido en las imágenes que representan a san Judas. La beata Ana Catalina describió al santo como parcialmente calvo en el tiempo de su martirio.

TEMA DE LA SEMANA: EL ABOGADO DE LAS CAUSAS DIFÍCILES Y DESESPERADAS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 20 de octubre de 2019 No.1267