Por Jaime Septién

El estreno en México de la película Inesperado ha vuelto a abrir el debate sobre el temible crimen del aborto. Un breve ensayo del filósofo español Julián Marías da herramientas para abordar el tema desde una perspectiva antropológica y quitarle el «argumento religioso» que tanto molesta a quienes proponen su legalización.

El ensayo de Marías describe lo que se puede ver si se tienen los ojos abiertos: la diferencia entre lo que es una cosa y lo que es una persona. No se necesita ser filósofo para distinguir entre algo y alguien. Al entrar a una habitación oscura y percibir una presencia humana no digo que hay algo, sino que ahí hay alguien. Esta distinción se aplica tanto a la habitación oscura como al útero materno: lo que palpita ahí no es una cosa, es una persona; un tercero absolutamente nuevo, alguien que no es la madre.

El nuevo ser es una realidad viviente que llegará a ser si no lo matamos (porque está oculto y nadie nos ve) en el camino. Es ya alguien desde el principio. «El núcleo de la cuestión, dice Marías, es la negación del carácter personal del hombre».

Inesperado muestra con imágenes convincentes y duras la monstruosidad antropológica de la aceptación social del aborto; la monstruosidad de eliminar el pronombre del nuevo ser. Convertir al en eso es lo que hacen los sicarios. Lo que hicieron los nazis. El mundo que comienza eliminando el termina eliminando al otro sin miramientos. Al cabo, dirán, era una cosa.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 3 de noviembre de 2019 No.1269