Por José Francisco González González, obispo de Campeche

Este segundo domingo del tiempo de Adviento coincide con el 8 de diciembre. La fecha es muy apreciada, porque en ella se enmarca el tercero de los cuatro dogmas de la Iglesia católica referidos a la Virgen María: La inmaculada Concepción.

Esta fiesta litúrgica resalta la gracia especial de Dios, concedida a María, para preservarla de toda mancha de pecado original, desde su concepción. El dogma fue declarado por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854. Así se expresó el Papa en la Bula: “Declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles”.

Esta afirmación resalta que María fue preservada de toda carencia de gracia santificante, desde que fue concebida en el vientre de su madre, Santa Ana. María es “llena de gracia” desde su concepción. La fe nos dice que la concepción es el momento, en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica (celular) procedente de los papás. También la ciencia asevera este dato, pues la vida humana comienza desde la concepción.La Concepción Inmaculada de María deriva de su maternidad divina. Por ser Dios, Jesús pudo dibujar el retrato físico y espiritual de su madre y, en consecuencia, pudo hacerla santa, hermosa y “llena de gracia” (Lc 1,18). Este privilegio singular es el primer fruto de su muerte redentora. Mientras los demás hombres y mujeres somos limpiados del pecado original en el bautismo por el misterio pascual de Cristo muerto y resucitado, María es preservada del pecado aplicándosele anticipadamente los méritos de su sacrificio redentor. Por ello, posee la plenitud de gracia y no hay en ella el menor atisbo de pecado personal.

FUNDAMENTO BÍBLICO

La Biblia no menciona explícitamente el dogma de la Inmaculada Concepción, Pero la Inmaculada Concepción se deduce de la Biblia cuando ésta se interpreta a la luz de la Tradición Apostólica. El primer pasaje que contiene la promesa de la redención (Gen 3,15) profetiza a la Madre del Redentor. Allí Dios declara la enemistad entre la serpiente y la Mujer. Cristo, la semilla de la mujer (María) aplastará la cabeza de la serpiente. Ella será exaltada a la gracia santificante que el hombre había perdido por el pecado. Solo el hecho de que María se mantuvo en estado de gracia puede explicar que continúe la enemistad entre ella y la serpiente. En Lucas 1,28 el ángel Gabriel enviado por Dios le dice a la Santísima Virgen María «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.». Las palabras en español “Llena de gracia” (en griego es “kejaritomene”) significa una singular abundancia de gracia, un estado sobrenatural del alma en unión con Dios.FRUTOS

María fue inmune de los movimientos de la concupiscencia; es decir, a los deseos irregulares del apetito sensitivo que se dirigen al mal. María estuvo inmune de todo pecado personal durante el tiempo de su vida. Esta es la grandeza de María, que siendo libre, nunca ofendió a Dios, nunca optó por nada que la manchara o que le hiciera perder la gracia que había recibido.

La Inmaculada Concepción de la Virgen María tiene un llamado para nosotros: Nos llama a la purificación. Ser puros para que Jesús resida en nosotros. Nos llama a la consagración al Corazón Inmaculado de María, lugar seguro para alcanzar conocimiento perfecto de Cristo y camino seguro para ser llenos del Espíritu Santo.

¡Dios nos ha elegido para ser inmaculados en el amor!