Por Mónica Muñoz

 Hace tres semanas ha concluido el Año Litúrgico.  Para los católicos, significa que estamos viviendo el Adviento, término derivado del latín “adventus”, que quiere decir “venida, llegada”, lo cual indica que estamos en espera del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, por eso nos preparamos para este magno acontecimiento durante cuatro semanas, en las que debemos estar alerta, no como en la Cuaresma, en la que priva la penitencia, la oración y el ayuno,  porque “no sabemos el día ni la hora” (Mt 24, 36), sino que es ésta una espera gozosa, porque tenemos la certeza de que el Salvador del mundo está cerca y traerá la redención al género humano.

Imagino los tiempos en que la Santísima Virgen María fue visitada por el Arcángel Gabriel, para anunciarle que sería la Madre de Dios, un momento histórico esperado por los israelitas con ansia porque se llevaría a cabo la liberación de su pueblo, es por eso comprensible que se les dificultara entender la manifestación de un Mesías que les anunciaba un Reino que no era de este mundo (Juan 8, 36), pienso en la decepción que muchos experimentaron al ver que ese Hombre de palabras impactantes no desembocara sus fuertes enseñanzas en un grito de rebeldía, por el contrario, predicó paz y perdón, nada más lejano a lo que muchos deseaban para deshacerse de la opresión romana.

Sin embargo, se formó una multitud con los que creyeron y se mantuvieron fieles al Salvador, aunque lo que predicara a veces les resultara incomprensible, como aquello de “destruyan este templo y yo lo reconstruiré en tres días” (Juan 2, 19), afirmación que provocó burlas entre sus adversarios.

Pues bien, la promesa de la salvación se cumplió con el nacimiento de Jesucristo hace más de dos mil años, por eso, en recuerdo de este inconmensurable acontecimiento y junto a esa espera, los cristianos debemos alinearnos al plan de Dios, “que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2, 3-4), es decir, que cumplamos su Ley y nos ganemos el cielo, tarea nada sencilla, si tomamos en cuenta que vivimos rodeados de distractores que nos alejan de nuestra meta.  Y si a los problemas personales, agregamos los que aquejan a nuestro país, pareciera que tenemos delante de nosotros un imposible.

No obstante, el Dueño de la vida nos tiene en sus planes y no cambia de opinión, nos ama y desea que nuestro destino final sea vivir con Él en su reino, pero, ojo,  el hecho de creer no significa pase automático al cielo, es decir, aunque la redención del género humano haya sido obra de Dios y se nos dé de manera gratuita, hay que hacer méritos para salvarnos, el mismo Señor Jesús dijo que “no todo el que dice ‘Señor, Señor’ entrará al reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Dios que está en el cielo” (Mateo 7, 21).

Es por eso que solamente los ingenuos pueden pensar que sin hacer más se van a salvar, porque el mismo Señor nos ha dicho qué es necesario hacer para ser merecedores de la gloria.  Repito, en esto creemos los católicos, con todo respeto para quienes pertenecen a denominaciones religiosas diferentes o a ninguna, aunque es innegable porque la navidad se vive en todo el mundo, por lo menos en la parte occidental, que es en donde nos toca ser parte de la historia.

Esa es la razón del Adviento: aguardar con gozo al que vino a rescatarnos, así como el pueblo judío, con esperanza, pero entendiendo bien la naturaleza de su obra redentora. Y es oportuno destacar este punto, ahora que estamos tan cerca de celebrar la Navidad, festividad que ha perdido su sentido debido al consumismo que la envuelve, pues actualmente se cree que entre más se gaste mejor será la fiesta.  Seamos razonables y rechacemos lo superfluo, lo importante de esta temporada es compartir lo que tenemos, aunque no sea mucho, y hacer de nuestro ambiente un sitio mejor, lo que es urgente.

Y por último, hagamos oración, hablar con el Señor nos ayudará a centrarnos en lo esencial y encontraremos respuesta para lo que nos preocupa, además nuestra nación lo necesita con urgencia.  Preparemos, pues, nuestro corazón para vivir una auténtica Navidad junto a nuestros seres queridos.

¡Que tengan una excelente semana!