Por Mary Velázquez Dorantes

Marco Salas es un joven de 25 años de edad, apasionado por Jesús. Él mismo define que Jesús es su gran referente para ser santo y para ser feliz. Es licenciado en animación digital, es originario de Panamá y lleva dos años en la misión del horizonte digital. Es un bloguero católico de América Latina, y define este oficio como la misión de transmitir y compartir una manera de vivir, una manera de observar y una manera de interpretar el mundo. Desde la fe observa que los retos son los mismos que enfrentaron los discípulos: la autenticidad de la fe, el diálogo con la posibilidad de escribir algo, y el hecho de hablar de la experiencia del amor, de cómo Dios ama a la humanidad. El Observador de la Actualidad conversó con este joven sobre su trabajo.

Marco, ¿Por qué decidiste convertirte en bloguero católico?

Uno no decide convertirse en algo, sino que la misma historia y los mismos encuentros entretejidos van generando en uno una llamada y un deseo. Yo creo que la vocación del ser humano se encuentra justo allí donde la gente te llama, donde la gente te invita. El sentido de la vida y el propósito se centra justo en el encuentro con los otros, y decidí convertirme en bloguero católico precisamente por lo mismo. Las personas estaban leyendo cosas que yo había escrito a mano o a través de las redes sociales, o en conferencias.

Entonces el proceso inició transcribiendo las predicaciones para poder dejárselas a las personas, y luego pensé en el hecho de compartirlas en el continente digital, y sentí entonces el llamado. Y segundo, por una pasión mía: a mí me gusta escribir, estoy haciendo la maestría en creación literaria, escribo desde los diecisiete años. Y tercero, porque hay una disposición espiritual, estoy convencido de que la escritura es un ejercicio espiritual; me permite salir de mí mismo y le da nombre a los mie dos, a las fragilidades y también a los sueños.

¿De qué deben hablar quiénes son blogueros católicos?

Ojalá nuestro contenido tenga mucho de humanidad, de fragilidad, de vulnerabilidad, mucho de encuentro con los otros, de ayuda humanitaria; expresar cuánto nos duele y cuánto nos rompen las situaciones políticas y sociales del mundo. No estamos en el mundo digital para apartarnos, estamos para anunciar que nosotros estamos del lado de los más desfavorecidos, del lado de que aquellos que más nos necesitan.

Si encontramos a un necesitado, la pregunta no va a ser si eres o no creyente, aquí todos somos de Jesús y lo debemos demostrar con nuestro contenido digital. Decimos con una expresión moderna que el Verbo también se ha encarnado en el mundo digital, y podemos dialogar entre hermanos y entre diferentes; tenemos que hablar desde la transparencia, y escribir que Dios se acerca al hombre en las realidades cotidianas y humanas que están en las redes sociales; no estamos hablando de datos o caracteres, sino de seres humanos que están en ese mundo digital.

¿Cuáles son tus temas favoritos?

A mí me apasionan muchos temas como la teología, la antropología, la poesía, pero si hago una categorización me gusta la Cristología, el Jesús histórico, la eclesiología y el entendimiento de nuestra iglesia; la mística desde San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz, y Tomás Merton.

La evangelización es un tema que marca las reflexiones que nos ayudan desde el Evangelio para iluminarnos y tener una vida más profunda. Del otro lado está la poesía y la pasión por escribir. Yo realizo narraciones desde la imaginación. Aquí también me gustan los retos del mundo digital, todo ello me interesa por tres razones: primero, porque hoy es necesario hablar de Jesús, volver a Él; segundo, creo que la Iglesia está pasando por un giro y cada vez se profundiza mucho más la manera ser Iglesia, una Iglesia de hermanos; y tercero, la espiritualidad, una renovación espiritual verdadera. Y se cierra todo en la evangelización, pensando en cómo lo comunicamos.

¿Cómo observar la respuesta de los jóvenes de América Latina frente a este oficio?

Veo la gratitud de estar en el lugar donde ellos están, estamos en la vida cotidiana de estos jóvenes desde la fe. Percibo también una sed de seguir compartiendo contenidos con los jóvenes y también creo que hay que responder a las preguntas que uno se hace. Las personas tienen preguntas, y es necesario ir respondiendo. Éstos jóvenes están atentos, tienen preguntas y dudas, por lo tanto hay que seguir trabajando.

¿Y qué les dices a estos chicos que buscan también tener su propio blog católico?

Este oficio es de aquel profesional que quiere compartir o comunicar ideas, y lo primero es el carisma de querer porque tenemos una idea. También depende de los contenidos que se quieren hacer: si vas hacer bloguero hay que tomar en cuenta que siempre es necesario estar aprendiendo, y el deseo de compartir la buena nueva con perfección y deseo del corazón no es una tarea elitista, pero hay que ser perseverantes. Los blogueros católicos compartimos buenas noticias dentro de nuestros blogs. Es importante hacer comunidad digital.

Marco emprendedor:

Publicado en la edición impresa de El Observador del 26 de enero de 2020 No.1281