Por Angelo De Simone R

Estamos muy cerca de vivir uno de los tiempos litúrgicos más hermosos de la Iglesia: La cuaresma. Dentro de ella, se nos recuerda en la imposición de las cenizas, el famoso “conviértete y cree en el evangelio”. Esta es la meta del ejercicio. Creer en Cristo, creer en el Evangelio.

Para creer en Cristo y en el Evangelio, la Iglesia utiliza el signo de la ceniza en la frente, representando la humildad y recordándole al cristiano su origen y su fin. La Iglesia nos propone estos 40 días para preparar una vez más nuestros corazones, nuestras mentes y nuestra disposición.

Los 40 días que nos narra la Biblia nos recuerda los días del diluvio; los cuarenta años de peregrinación del pueblo hebreo por el desierto; los cuarenta días de Moisés en el Sinaí; los cuarenta días de camino del profeta Elías hasta el monte Horeb; los cuarenta días de penitencia de los ninivitas ante la predicación de Jonás; y cuarenta días de Jesús en el desierto, conducido por el Espíritu.

Cuaresma, se convierte entonces, en el período de cuarenta días de entrenamiento cristiano como preparación a la Pascua del Señor. Comienza el miércoles de ceniza y termina el Jueves Santo, antes de la celebración de la Cena del Señor. Es un tiempo intenso de preparación de los catecúmenos, que serán bautizados en la Vigilia Pascual y de arrepentimiento de penitentes, que solicitan el perdón.

Muchas veces nos proponemos mejorar algo que sabemos que está mal de nosotros (que es pecado) en estos 40 días y a las 2 horas ya “caemos”… es decir, no logramos cumplir nuestro propósito… Nos entristecemos y nos desesperanzamos, algunas veces decidiendo no seguir esforzándonos. Pero, acaso los atletas nacieron perfectos en esa disciplina o ¿tuvieron que entrenar duro? Del mismo modo, nosotros…NO NOS DEMOS POR VENCIDOS y recordemos a Cristo: “Ánimo, no te quedes tirado, levántate y camina”.

La Cuaresma es tiempo de revisión de vida y ejercicio adecuado para favorecer la experiencia de Dios y la comunión con los hermanos. Es entrar en un clima de oración y de conversación con Dios, pidiéndole su gracia. Contamos con abundantes y escogidos textos de la Biblia y los compromisos que cada uno se exija en respuesta a la Palabra. Es un tiempo de reflexión y de buscar los caminos propicios para la reconciliación y la paz.

Que Dios nos ayude en este camino y, en especial, que logremos desde nuestra libertad orientar nuestra vida a Dios, para en todo amar y servir, preparando nuestro espíritu para la celebración de la Semana Santa, el misterio de nuestra fe.