Por P. Shenan J. Boquet

La conexión mortal entre los problemas morales y la “cultura” de la muerte

Incluso muchas personas en los movimientos provida y a favor de la familia no aprecian plenamente los profundos hilos que unen muchos problemas sociales aparentemente dispares. La anticoncepción, el aborto, la eutanasia, el divorcio, la pornografía, el “matrimonio” entre personas del mismo sexo y la ideología de “género” (por nombrar solo algunos de los principales) no son problemas sociales o espirituales aislados. Más bien, están profundamente interrelacionados y, lo que es más importante, se alimentan entre sí.

Hay una lógica interior en la “cultura” de la muerte, la cual, si no ocurre un cortocircuito por medio de un retorno a las verdades perennes que haga que se contradiga a sí misma, esta “cultura” de muerte conduce a más muertes, así como la soledad y el aislamiento conducen a una mayor soledad y aislamiento. Esta dinámica es algo de lo que el fundador de Human Life International, el Padre Paul Marx, OSB, era muy consciente. Como escribió en “De la anticoncepción al aborto”: “En todos los países, sin excepción, la anticoncepción ha llevado al aborto, y el aborto ha llevado al infanticidio, el preludio al crimen de la eutanasia en toda regla. Una vez que los propósitos de la sexualidad se separan de la procreación y de la familia, la promoción de la actividad homosexual levanta su fea cabeza.”

La alarma demográfica

Una de las áreas más subestimadas donde vemos esta lógica perversa en función es en la relación, a la cual también se refiere el Padre Marx, entre la mentalidad anticonceptiva y antinatalista, y la creciente demanda de legalizar los crímenes de la eutanasia y el suicidio asistido por médicos.

Muchos activistas contra la vida creen que están promoviendo la eutanasia legalizada porque creen en los principios de “libertad” y “autonomía”. De lo que no se dan cuenta es que, de hecho, están respondiendo a la presión para encontrar una “solución” a un problema creciente que existe en gran parte solo porque su ideología lo creó en primer lugar, al demoler la estructura de apoyo de la familia y al promover una mentalidad antinatalista que ha robado a las familias y a la sociedad de los niños que tanto necesitan.

Incluso muchas publicaciones convencionales y políticos liberales están comenzando a despertar a la gran cantidad de problemas causados ​​por el invierno demográfico que fue conjurado por las fuerzas duales del alarmismo de la falsa “superpoblación” y la revolución sexual. Considere este artículo reciente en el Globe and Mail de Canadá, un periódico de extrema izquierda pero muy leído. En él, el autor John Ibbitson advierte sobre el tsunami financiero y social que se avecina en el horizonte, debido a que la tasa de fertilidad había tocado fondo en ese país [1].

Como el resumen debajo del titular declara: “Cada generación tiene menos hijos que la anterior, dejando cada vez menos personas que nos cuiden en nuestras vidas cada vez más largas. Es una crisis que ignoramos bajo nuestro propio riesgo”. Esta crisis es una cuestión matemática simple: muchas de nuestras estructuras sociales y financieras se han construido sobre la presuposición de que existirá una población grande y saludable de jóvenes para ingresar a la fuerza laboral, pagar sus impuestos y apoyar a sus padres y parientes mayores de edad. Pero, como resultado, esos jóvenes ya no están allí [1].

Las tasas de fertilidad en Canadá (y en todo el mundo occidental) comenzaron a desplomarse a principios de la década de 1960. Desde un pico de casi cuatro hijos nacidos por mujer durante su vida a fines de la década de 1950, la tasa cayó rápidamente en Canadá a la actual de más o menos 1.5 hijos por mujer. Según los demógrafos la tasa mínima de reemplazo poblacional es de 2.1 hijos por mujer. Según la publicación Statistics Canada, el último año durante el cual la tasa de fertilidad de Canadá estuvo en el nivel de reemplazo fue en 1971. Durante casi cinco décadas, el país tuvo tasas de natalidad por debajo del nivel de reemplazo. Lo único que mantiene estable a la población del país es la inmigración. Como Michael Nicin, director ejecutivo del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de la Universidad de Ryerson, le dijo al Globe: “Este es un cambio fundamental y paradigmático en la sociedad, y durante demasiado tiempo hemos enterrado nuestras cabezas” [2].

Como señala Ibbitson, la disminución de la fertilidad ha coincidido con un aumento de la longevidad, con el resultado de que ahora tenemos una población de jubilados que también está viviendo más tiempo que nunca. Ya hay un número creciente de matrimonios que alcanzan la edad de jubilación y más allá, muchas de las cuales no han ahorrado casi suficiente dinero para pagar sus gastos de vida y atención médica hasta su muerte. Además, no tienen hijos en los que puedan confiar para recibir asistencia financiera o (mucho más importante) el tipo de cuidado personal y compañía que son tan vitales para su felicidad y bienestar general. Y finalmente, dado que todos los demás también han dejado de tener hijos, tampoco existirán los trabajadores y los ingresos tributarios asociados que permitirán al gobierno pagar la cuenta de su cuidado a largo plazo.

La eutanasia hace su entrada

¿Es sorprendente, entonces, que Canadá legalizara la eutanasia hace unos años?

Los defensores de la eutanasia negarán este vínculo, por supuesto. Como se mencionó anteriormente, piensan que están abogando por lo que es correcto basado en un principio desapasionado. Piensan que el “derecho a morir” o “la muerte con dignidad” es un derecho humano, y están ​​dispuestos a presionar al gobierno para que proteja ese falso derecho. En realidad, simplemente están poniendo las uñas en el ataúd de la “cultura” de la muerte. Una sociedad saludable no busca encontrar formas de garantizar que sus ciudadanos más venerables y ancianos tengan el camino más fácil posible para que los médicos los ayuden a suicidarse. En una sociedad sana, ni siquiera existiría tal demanda de eutanasia o suicidio asistido por médicos, como ahora existe. En una sociedad sana, los ancianos viven sus últimos días con dignidad, rodeados de familias y seres queridos, integrados en una comunidad amorosa de relaciones que los ha apoyado a través de la vida, y está allí para apoyarlos a medida que pasan a la próxima vida. Las personas que viven en circunstancias tan humanas rara vez piensan mucho si deberían suicidarse y menos aún piensan en cómo deberían suicidarse.

Sin embargo, dentro de una sociedad que se ha construido sobre el principio de la autonomía radical, repudiando explícitamente la centralidad de las relaciones de dependencia y amor, sobre todo las que existen dentro de la familia, el resultado inevitable es un número creciente de personas ancianas aisladas, solitarias, amargadas y sufriendo. Si esa sociedad también ha abrazado con entusiasmo los valores utilitarios y consumistas, en los que el valor de una vida se juzga por sus niveles de placer o utilidad social, entonces el resultado es que esos mismos ancianos se ven a sí mismos como una carga que le cuesta dinero, tiempo y energía a otros a quienes nos les sobra. En otras palabras, si ahora hay una demanda de eutanasia y suicidio asistido por médicos, es solo porque la “cultura” de la muerte creó esa demanda al adoptar la anticoncepción, el antinatalismo, el aborto y el divorcio.

Nadie que yo conozca está promoviendo explícitamente la eutanasia y el suicidio asistido por médicos como una manera de ahorrar costos. Sin embargo, en aquellas naciones donde se ha legalizado la eutanasia, hay una miríada de cuentos macabros de personas mayores que son presionadas para que opten por la eutanasia, a menudo por el mismo personal de cuidados a largo plazo abrumado y mal pagado que está luchando por obtener fondos limitados del gobierno. Es la macabra “lógica” o dinámica que la “cultura” de la muerte ha puesto en marcha. Un solo paciente anciano podría terminar costándole al gobierno cientos de miles de dólares si logran superar esta crisis de salud actual y seguir viviendo por otros cinco o diez años; ¿Por qué no animarlos a poner fin a su vida de una vez por todas en este momento? Eso es parte de la macabra “lógica” de la “cultura” de la muerte.

Como escribí en esta misma columna el año pasado:

“Durante una audiencia papal con el Papa San Juan Pablo II en 1979, el Padre Marx ofreció sus ideas al Santo Papa diciendo que ‘una vez que la anticoncepción se generaliza, el resto es predecible. En todos los países, la anticoncepción siempre conduce al aborto a gran escala’. Además enfatizó que ‘una vez que se tiene la anticoncepción y el aborto legalizado o generalizado, las tasas de natalidad disminuyen; las naciones colapsan; los jóvenes siguen a sus padres en el abuso o mal uso de la sexualidad; y cada vez más personas viven juntas sin el beneficio del matrimonio’. Como si fuera capaz de mirar hacia el futuro, el Padre Marx también señaló el vínculo íntimo entre la anticoncepción, el aborto y la eutanasia. Porque ‘si puedes matar antes del nacimiento, ¿por qué no puedes matar después del nacimiento? Entonces, la eutanasia es inevitable’.”

La pendiente resbaladiza

La eutanasia no solo es la consecuencia lógica de adoptar la anticoncepción y el antinatalismo, también lo es la expansión gradual de la eutanasia una vez aceptada. El fenómeno de la “pendiente resbaladiza” ha sido bien atestiguado en los Países Bajos, donde la eutanasia se ha extendido incluso a personas que padecen enfermedades mentales. En los Países Bajos, sería ilegal que una persona gravemente deprimida se disparara, pero es perfectamente legal que se aplique una inyección letal si el veneno lo proporciona un médico con licencia a expensas del contribuyente. Este es el doble pensamiento que se nos pide cada vez más que aceptemos alegremente.

Los activistas a favor de la eutanasia siempre afirman que solo desean que la eutanasia sea legal en unas pocas y selectas circunstancias “extremas”; pero si la experiencia reciente es una indicación, esas circunstancias “extremas” resultan ser muchas. Un tribunal de la provincia canadiense de Columbia Británica ya dictaminó que un requisito en la ley de eutanasia y suicidio asistido por médicos recientemente aprobada en el país, que exige que los pacientes que solicitan la eutanasia se enfrenten a una muerte “razonablemente previsible”, es inconstitucional [3]. Fue solo en 2016 que la Corte Suprema de Canadá de repente “descubrió” el derecho al suicidio asistido por médicos y la eutanasia en la constitución. ¡Y ahora, solo tres años después, otra corte ha descubierto de alguna manera un “derecho” para las personas que no se están muriendo que es el poder pedirles a los médicos que los ayuden a matarse! A menos que los canadienses provida y a favor de la familia y los defensores de los discapacitados presenten una sólida oposición, esto sin duda será solo el comienzo: solo será cuestión de tiempo antes de que los que sufren de depresión, demencia y otras enfermedades no terminales sea considerados “elegibles” y sean sutilmente o no tan sutilmente presionados para que acepten la eutanasia o el suicidio asistido por médicos.

Hablando de la macabra “lógica” interior de la “cultura” de la muerte: resulta que en Canadá ha habido un gran auge en el número de “donaciones” de órganos. ¿Y de quiénes vienen estos órganos? De personas que se suicidaron legalmente o fueron asesinadas por médicos [4]. Los principales medios de comunicación piensan que esto es algo maravilloso. En realidad, sin embargo, este es el monstruoso resultado de la “cultura” de la muerte: pacientes ancianos o enfermos que, según los estándares utilitarios, han sobrevivido su “utilidad”, y se les dice que pueden hacer algo “positivo” ayudando a otra persona con sus órganos si ellos simplemente pondrían fin prematuramente a sus miserables existencias. Y, por supuesto, es un gran beneficio que los órganos en estos casos sean tan maravillosamente “frescos”. Esta es la “cultura” de la muerte en acción. La muerte lleva a la muerte.

Notas:

[1]. https://www.theglobeandmail.com/opinion/article-older-longer-the-super-aging-of-canadians-has-taken-everyone-by/?fbclid=IwAR3WAiBehYpEGodGvF0-TMwfg-_vuoe4TpGozu1r1Xsq3FYRy6ko-n4_PIM

[2]. https://www150.statcan.gc.ca/n1/pub/11-630-x/11-630-x2014002-eng.htm.

[3]. https://bccatholic.ca/news/canada/b-c-western-bishops-unite-in-call-to-stop-euthanasia-expansion

[4]. https://www.lifesitenews.com/blogs/legalization-of-doctors-killing-sick-canadians-creates-organ-donation-boon-media-org-raves

Fuente original: https://www.hli.org/2020/02/assisted-suicide-and-the-macabre-logic-of-the-culture-of-death/

VHI agradece a José Antonio Zunino Tosi del Ecuador la traducción de este artículo.