Por José Francisco González, obispo de Campeche

Hace unos días, una persona preguntaba: ¿Qué significa celebrar “la novena”? ¿Por qué son nueve días? En este espacio, hablemos un poco de esta popular forma de devoción. Nos apoyamos en la reflexión de Scott Hahn.

Las novenas datan a partir del Siglo XVII. Una “novena” es una oración que comporta nueve pasos. Puede incluir nueve oraciones para ser recitadas durante un cierto tiempo, o se puede repetir la misma oración nueve veces.

La palabra viene del latín “novem”, que significa, obviamente, “nueve”. La manera de organizar la novena, tiene su inspiración en la narración de la Ascensión, que nos narra el libro de los Hechos de los Apóstoles 1,4-14. Durante nueve días, los discípulos estuvieron rezando, acompañados de la Virgen María, y al décimo día, llega el Espíritu Santo en Pentecostés.

También, cuando alguien moría, los familiares y amigos del difunto, ofrecían nueve días de oraciones y Misas por su eterno descanso. El “nueve” se forma al quitarle un “uno” al “diez”. El diez significa plenitud, abundancia. Por consiguiente, el nueve hace referencia a nuestra imperfección y a nuestra necesidad. Por eso, nosotros rezamos y ofrecemos novenas, porque no tenemos la perfección ni la plenitud en esta vida.

Los Papas nos han recomendado ciertas novenas para vivirlas en los tiempos litúrgicos. A guisa de ejemplo, el papa León XIII mandó que se celebrase la novena del Espíritu Santo, en todas las parroquias, de la fiesta de la Ascensión del Señor hasta la Solemnidad de Pentecostés. La Navidad también tiene su “novena”, que inicia con las tradicionales “posadas”. Cada uno de los días representa cada mes, en el que Jesús estuvo en el vientre de su Madre, María.  Durante esos nueve días, nos exhorta el papa emérito Benedicto XVI, no dejemos de repetir: “¡Maranatha! ¡Ven Señor Jesús! (1Co 16,22; Ap 22,20)

Otra novena muy apreciada por el pueblo católico es la ofrecida a la Inmaculada Concepción, devoción difundida por la Orden Franciscana, que en la Diócesis de Campeche goza de gran aceptación. Varias parroquias están consagradas a su patrocinio, entre otras, la Santa Iglesia Catedral.

ORACIÓN DE CONFIANZA

Pero no todas las novenas son en torno a las fiestas litúrgicas. Con ocasión del Concilio Vaticano II, san Juan XXIII invitó a hacer una novena al Espíritu Santo para que iluminara a los padres conciliares en el proceso de renovación de la Iglesia. Santa Teresa de Calcuta impulsaba a sus hermanas, ante una urgente necesidad, a rezar la novena breve a la Virgen María con la oración que se atribuye a san Bernardo de Claraval: “Acordaos, oh Virgen María”. La Santa de la Caridad y Premio Nobel de la Paz comentaba haber obtenido grandes favores, a partir del rezo de la novena.

Las novenas expresan la confianza del creyente en la Providencia de Dios. A nuestro Padre acudimos en caso de necesidad. A Él elevamos nuestra mente y nuestro corazón. Somos conscientes que, por el hecho de rezar la novena, no vamos a cambiar la mente de Dios. Él no cambia. Más bien, la oración es el medio favorito de Dios para cambiarnos a nosotros. A veces, Dios nos da lo que le pedimos, para que aprendamos a confiar más en Él y le pidamos, como niños, lo que necesitamos.

No faltan personas ‘críticas’, que se burlan de esta manera sencilla de mostrar la fe y confianza en Dios. Pero, por experiencia, se puede afirmar que no pocas veces las devociones populares muestran un conocimiento de Dios mayor, que algunos sesudos cursos de teodicea y teología. Finalmente, no creer que hay novenas “nunca falla”, que son “efectivas”. A Dios no se le puede manipular. Ese tipo de creencias nos pueden llevar a la superstición. Digamos, pues:

¡Ven Señor, no tardes!

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