Por Arturo Maximiliano

Quizá después de más de 20 años de que se le dio al Banco de México su autonomía, sólo las generaciones de 50 años y mayores recordarán las inflaciones de más de 100% mensuales que sufrió México a mediados de los ochentas, pero para quienes las vivieron son seguramente recuerdos poco gratos.

La inflación es quizá el peor impuesto que puede recaer sobre los mexicanos, toda vez que diluye el valor de nuestro dinero y hace que cada vez podamos comprar menos con lo mismo, impactando en algo a lo que se le conoce como el poder adquisitivo.

Si mis ingresos no aumentan más que la inflación, entonces estamos perdiendo capacidad de compra. Por ejemplo, en 2017 el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) fue de 6.77 por ciento, lo que implica a grandes rasgos que si tus ingresos no aumentaron ese año en la misma proporción no te alcanzarán para lo mismo que el año pasado.

Cuando en esa carrera entre inflación y el aumento de mis ingresos perdemos cada año, lo que sucede es que, al paso del tiempo, nuestro poder adquisitivo se deteriora de manera importante por el diferencial acumulado, pudiendo incluso generar movimientos económico sociales: digamos que mover a personas de clase media a media baja o de media baja a baja, lo que se traduce en decisiones como cambiar de lugar de residencia al no alcanzar para la renta, de escuela, de auto o de plano no tenerlo, de hábitos de entretenimiento y en general de consumo.

Por esta razón saber que la inflación en 2019 terminó con un 2.83% es una noticia que da alivio, ya que 2017 y 2018 había acumulado un 11.5%. A continuación, otros datos de la inflación.

Un impuesto silencioso. La inflación, al ser un factor que implica un aumento en el precio de bienes y servicios, nos impacta como una especie de impuesto silencioso. Si se mantiene baja ese impuesto es casi imperceptible; si es alta es verdaderamente nociva. ¿Se puede imaginar un producto que hoy cueste 500 pesos y el siguiente año 550 y así otros varios de consumo indispensable? Sin duda en ese escenario hay un retroceso.

¿Quién nos cuida de la inflación? Una institución que conocemos como Banco de México, que es nuestro banco central autónomo, se encarga, como principal objetivo, que el poder adquisitivo de nuestra moneda se mantenga estable, para lo que tiene algunas herramientas de política monetaria, siendo una de las más poderosas regular la tasa de referencia.

¿Quién mide la inflación?  La inflación es hoy medida por el INEGI, otro organismo público autónomo que, al no pertenecer ya a la Secretaría de Hacienda, ya no es juez y parte al determinar los niveles de inflación.

¿Cómo se mide? De acuerdo con Banxico, el INEGI hace una encuesta de ingreso y gasto de las familias a nivel nacional para saber qué es lo que consume la gente en México. Una vez que se tienen identificados los productos, recopilan los precios de esos bienes y servicios en tiendas de todo el país. Esta información se compara quincenal, mensual y anualmente para saber cómo han variado los precios en dichos periodos. Digamos que es una canasta de productos y servicios y el seguimiento del comportamiento de sus precios nos dice cuánto han variado y en que sentido, llegando al final al INPC, indicador principal para entender en qué medida aumentó la inflación.

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Publicado en la edición impresa de El Observador del 26 de enero de 2020 No.1281