Por Marcela Palos

Hoy se vive una emergencia de salud sanitaria y emocional por el libertinaje sexual

La libertad muchos la entienden como la capacidad para elegir entre varios bienes sin ser presionados o inducidos por nada ni nadie. Constantemente, los jóvenes hacen alusión a su derecho a elegir libremente.

La pregunta es si en verdad eligen libremente o por el contrario, inducidos. ¿Cómo se puede tomar una decisión adecuada y libre sin conocer a fondo todas las opciones y consecuencias?, ¿cómo un joven elige libremente iniciar una vida sexual activa, si desde su infancia está siendo estimulado por música, redes sociales, medios y una cultura agresiva sexualmente para que la inicie?, ¿es eso libertad o una silenciosa esclavitud maquillada de libertinaje desorbitado?

La ONU promueve el principio del consentimiento informado, el cual expresa que las personas para tomar decisiones en términos de salud, no solo deben recibir información sino que deben comprenderla y entender los riesgos o ventajas de sus decisiones.

En ese sentido, ¿las chicas saben que, según la OMS, los anticonceptivos se encuentran en el primer grupo de cancerígenos, o todas las consecuencias fisiológicas, psicológicas y espirituales que tiene un aborto?

Y por otro lado, ¿los jóvenes saben por qué al gobierno le interesa que en lugar de enfocarse en sus estudios, desarrollando sus talentos y capacidades, estén distraídos con tener sexo, y preocupados de si ya se embarazaron o se contagiaron, o bien se encuentren devastados por un aborto?, ¿saben que hay más de 30 enfermedades de transmisión sexual, incluidas cáncer de garganta y cáncer de ano, siendo que ni la boca ni el ano son parte del sistema sexual, sino pertenecen al digestivo?

Me pregunto si lo saben. ¿Por qué, si se busca que los chicos tomen decisiones en libertad, no se les muestran todas las opciones, incluida la vivencia de la virtud de la castidad y el autodominio?, ¿será que la academia tampoco quiere que los jóvenes estudien y desarrollen sus talentos? Sería tristísimo que así fuera.

¿Por qué como adultos hemos dejado de educar y promover las virtudes humanas?, ¿será que es más fácil justificar nuestras malas decisiones y errores, al permitir que los jóvenes también los cometan, y así no sentirnos tan mal con nosotros mismos?

Nadie habla de la depresión como una enfermedad de transmisión sexual. Originada al dislocar y desasociar la relación sexual de la sexualidad humana, los afectos y el amor. La hemos interpretado como mera genitalidad. La depresión juvenil aumenta en sus intentos de querer encontrar el amor a través de sexo. De personas se convierten en objetos de placer que se usan y desechan. La persona jamás debe ser usada como medio sino como fin, buscando siempre su bien superior. En todo momento debe ser respetada y amada.

Ante esta emergencia de salud sanitaria y emocional, necesitamos vivir las virtudes. Específicamente, la virtud de la castidad. En palabras de san Juan Pablo II, es la virtud que libera al amor de todo uso, violencia y egoísmo. La castidad sí nos hace libres para tomar decisiones y amar de verdad.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 16 de febrero de 2020 No.1284