Por P. Fernando Pascual

No resulta fácil encontrar una buena respuesta cuando alguien nos pregunta qué significa cristiano, cómo se vive como cristiano de verdad.

Las dificultades se hacen mayores cuando constatamos diversos modos para señalar lo que para cada uno parecería ser cristiano. Una enumeración ofrecida hace años puede ilustrar esto.

Hans Urs von Balthasar escribió un libro titulado ¿Quién es cristiano? En un momento de su obra expone diversos niveles de personas que se autodeclaran cristianas, o al menos son vistas como tales. Lo que sigue se basa en esta obra, si bien con un poco de libertad creativa.

Algunos son cristianos simplemente porque han recibido el Bautismo, lo cual ha quedado registrado en la partida de nacimiento de una parroquia. Entre ellos, hay quienes además han recibido la Primera Comunión y la Confirmación, sin que luego haya nada, absolutamente nada, de práctica religiosa ni de creencias.

Un gran número de cristianos estarían en un segundo nivel: el de los bautizados que “cumplen” con el precepto de la Pascua, pero faltan a cualquier otra celebración (Misas los domingos, oraciones comunitarias, etc.).

El tercer nivel agrupa a los que van a Misa los domingos (con “pequeñas faltas”, sobre todo en el tiempo de verano). Hay quien diría que “son católicos, pero no fanáticos”. A algunos les parece “mucho” dedicar esa hora semanal a la Misa en parroquia…

Sigue luego el nivel de quienes no solo cumplen los mandamientos de la Iglesia, sino que además leen prensa católica, algún que otro libro de espiritualidad o formación, o escuchan radio o televisión que ofrece contenidos espirituales. Además, buscan vivir los mandamientos de la ley de Dios, si bien no con excesivo esfuerzo.

En el quinto nivel estarían los que suelen ser llamados como “católicos fervorosos” (para cierta prensa, llegan a ser calificados como fanáticos, extremistas o radicales). Von Balthasar los describe de esta manera:

“Los que intentan vivir un matrimonio auténticamente cristiano, asumir una oración verdaderamente personal en su vida, preocuparse con auténtico amor por los semejantes, sobre todo los pobres, abandonados y desvalidos; los que siguen con verdadero interés la labor misionera de la Iglesia, los que se consagran como sacerdotes al servicio de la Iglesia y quienes viven en pobreza, castidad y obediencia según los consejos de Cristo” (H.U. von Balthasar, ¿Quién es cristiano?, capítulo 1).

Como toda clasificación, tiene sus desventajas y sus ventajas. Lo importante es, de vez en cuando, preguntarnos: realmente: para mí, ¿qué significa ser cristiano? ¿Acepto plenamente ser calificado con ese adjetivo? ¿Noto en mí incoherencias o fracturas que me apartan de la plenitud de la experiencia en Cristo?

Son preguntas a las que solo podemos responder con mayor o menor sinceridad cuando nos confrontamos con la riqueza de la fe católica, con los modelos de santidad que han enriquecido a la Iglesia, y con ese susurro de Dios en mi conciencia que me invita, continuamente, a acoger el Evangelio y a vivir en plenitud la experiencia del dejarme amar por Cristo y de amar a los hermanos…

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 5 de abril de 2020 No.1291