Dice Jesús en Juan 12, 26: “Si alguno Me sirve, mi Padre lo honrará”. Pues bien, no hay nadie que haya dado un mayor servicio a Jesús que su Santísima Madre. Y si hasta el mismo Dios le tributa honor, nada tiene de raro que los cristianos hagan lo mismo.

La Iglesia ha destinado el mes de mayo para honrarla. Entre los fieles de Medio Oriente la práctica habitual ha sido asistir los 30 días de mayo a la Misa, glorificando a Dios por su obra maestra: la Virgen María.

En los países de occidente, por mucho tiempo se acostumbró que este mes se acudiera al templo a rezar el Rosario, mientras niños y niñas ofrecían flores a María. Pero esta hermosa devoción se fue enfriando en las últimas décadas, hasta que casi se perdió.

Y, en medio de la pandemia, ni los cristianos de oriente pueden acudir ahora a la Misa diaria, ni los cristianos de occidente llegar al templo con sus flores para la Madre de Dios.

Pero hay una cosa que aún se puede hacer, y que hay que recuperar y revalorar: el rezo del Rosario en casa.

Ciertamente no hay práctica religiosa que pueda superar la Eucaristía, ya que se trata del mismísimo sacrificio de Cristo en la cruz, traído al presente de manera incruenta. Pero después de la Misa, el Rosario ocupa un lugar único; por algo León XIII le dedicó once encíclicas y dos cartas apostólicas, lo que le valió el apodo de “el Papa del Rosario”; y Juan Pablo II, en 2002, escribió la carta apostólica “Rosarium Virginis Mariae”.

Rezar el Rosario no tiene por qué causar temores pensando que se desplaza a Dios para poner en el centro a María; por el contrario, como escribió en su carta el santo pontífice polaco, el Rosario está “orientado al centro cristológico de la fe cristiana, de modo que, mientras es honrada la Madre, el Hijo sea debidamente conocido, amado, glorificado” mediante la contemplación de los misterios de la salvación.

Así lo señaló Pablo VI: «Sin contemplación, el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas”.

Ahora que Dios le ha concedido a las familias estar físicamente juntas por la cuarentena, hay que unirse espiritualmente rezando el Rosario. Esta es la invitación de la Virgen en Cuapa, Nicaragua, en apariciones de 1980 aprobadas por la Iglesia: “Quiero que recen el Rosario todos los días. No quiero que lo recen solamente en el mes de mayo. Quiero que lo recen permanentemente, en familia, desde los niños que tengan uso de razón…; que lo recen en una hora fija cuando ya no haya problemas con los quehaceres del hogar”.

TEMA DE LA SEMANA: EN MAYO Y PARA SIEMPRE, REDESCUBRIR LA BELLEZA DE REZAR EL ROSARIO EN CASA

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 10 de mayo de 2020. No. 1296