Por Jaime Septién

En la carta para el mes de mayo que nos envió el Papa Francisco a todos los fieles católicos, carta en la que nos invita a rezar el Rosario todos los días del mes dedicado a María, destaca el inusitado asombro que nos ha acarreado “obligatoriamente” el encierro provocado por la pandemia: redescubrir el sentido de Iglesia doméstica que tantas veces habíamos escuchado en la predicación, pero que muchos (lo confieso) no lo habíamos entendido bien.

En estos meses en los que hemos tenido que “ir” a Misa por televisión, adorar la Eucaristía a través de Internet y comulgar espiritualmente, reunir a la familia en el salón tiene un sabor muy diferente al asistir al templo y celebrar en comunidad el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo. No digo mejor o peor: solo diferente, más íntimo, más… familiar.

Desde luego, impone mucho el silencio en un lugar de ordinario bullicioso. Y más aún, si, como decía Marshall McLuhan, “el medio es el mensaje”, mirar la Consagración o la Sagrada Forma expuesta en un altar a cientos de kilómetros y por un “medio frío” como es la pantalla, exige de los fieles una participación más comprometida. Y esa participación a la que “tengo que echarle ganas”, cambia mucho la comprensión de la liturgia.

Lo mismo sucede con el rezo del Rosario. Hasta el Papa dice en su carta que podemos seguirlo por internet, si lo queremos hacer en comunidad y que alguien lo dirija. En fin, que algo bueno podría estar fermentando al interior de las familias cristianas durante el aislamiento social: la capacidad de “investigar” dónde y cómo asistir a Misa, qué decir en la comunión, cómo hacer bien un acto de contrición y por qué estar comprometidos en participar en ella.

Cuando volvamos al templo, ¿despertaremos de la modorra que a veces nos acompaña en un ritual en el que “otros” participan y del cual solamente soy testigo? El haber obtenido una “dimensión doméstica” de lo que vivimos, celebramos y, finalmente, somos como Iglesia, nos va ayudar. No es optimismo: es esperanza de una fe asumida en familia.

TEMA DE LA SEMANA: EN MAYO Y PARA SIEMPRE, REDESCUBRIR LA BELLEZA DE REZAR EL ROSARIO EN CASA

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 10 de mayo de 2020. No. 1296