Por José Ignacio Alemany Grau, obispo

Reflexión homilética 10 de Mayo de 2020

No es una ironía o un disparate.

Jesús mismo nos enseña hoy que esto es posible y nos dirá la única condición para conseguirlo… se entiende siempre que sea dentro del plan de Dios.

Hechos de los apóstoles

Es muy hermoso conocer cómo nació el diaconado en la Iglesia de Jesús.

Cuando los apóstoles veían que les desbordaba su actividad, sobre todo a causa de la economía, ya que la Iglesia siempre ha buscado la forma de ayudar a los más pobres y necesitados, crearon este servicio para que los diáconos se dedicaran a la administración y los apóstoles a la oración y a la predicación de la Palabra.

La forma externa como se inició este sacramento:

“Les impusieron las manos orando”: oración e imposición de manos que servirá también para la ordenación sacerdotal y episcopal en la Iglesia de Jesús.

Salmo 32

Dios nos cuida siempre con su misericordia por eso brota espontáneamente en nuestro corazón:

“Aclamad justos al Señor que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas”.

El mismo salmo nos advierte que “los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia”.

San Pedro

Nos habla el apóstol de dos clases de piedras:

+ Piedra viva

Es Jesucristo a quien desecharon los hombres, pero Dios la ha escogido como “piedra viva y preciosa”. También cada uno de nosotros somos piedras vivas que con Jesús construimos el templo del Espíritu.

+ Piedra de tropiezo

Por otro lado están los incrédulos que rechazaron a Jesús como piedra angular de esta construcción y para ellos es una “piedra de tropiezo” y una “roca de estrellarse”.

Termina el apóstol diciendo que cuantos formamos la Iglesia somos “una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada”:

Dios nos ha escogido para proclamar las maravillas de la salvación, regalo de Dios a la humanidad.

Verso aleluyático

Repite un versículo del evangelio de hoy que nos enseña que la única manera de llegar al Padre es a través de Jesús:

“Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”.

Evangelio

El evangelio pertenece al discurso de la última cena y contiene unos pensamientos en los que Jesús manifiesta su intimidad con los apóstoles.

+ Lo primero que llama la atención es “creed en Dios y creed también en mí”.

Aunque parece muy normal se trata de pasar del Antiguo Testamento al Nuevo, ya que el pueblo judío creía en un solo Dios pero no conocía que en este único Dios está la Trinidad de Personas.

+ Jesús nos asegura que en el cielo hay sitio para todos:

“En la casa de mi Padre hay muchas moradas… Voy a prepararos un lugar”.

+ Cuando Jesús les dice: “adonde yo voy ya sabéis el camino, Tomás pregunta: No sabemos dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”.

Es entonces cuando Jesucristo dice estas bellas y conocidas palabras:

“Yo soy el camino (como hombre) y la verdad y la vida” (esto se refiere a su divinidad como nos enseña san Agustín).

+ Más adelante, Felipe le dice a Jesús:

“Si nos hablas tanto del Padre: muéstranos al Padre y nos basta”.

Jesús aprovecha para completar la idea diciendo:

“¿Hace tanto que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”.

Qué importante es que cada uno de nosotros reflejemos a Jesús, nuestro Maestro y Señor, de tal manera que quien nos vea y nos oiga entienda que actuamos como lo haría Jesús.

+ Finalmente, resulta algo extraña esta afirmación:

“El que cree en mí, también él hará las obras que yo hago y aún mayores”.

La razón poderosa que da Jesús es:

“Porque voy al Padre”.

Por eso recalcará Él mismo que debemos pedir en su nombre.

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