Con María el recorrido será más llevadero.

Por Nelly Sosa

Ahora que estoy embarazada en tiempo de pandemia he estado reflexionando mucho más sobre el milagro de la vida y de nuestra familia. Dios nos hace a los esposos, por la gracia del sacramento del Matrimonio, custodios uno del otro, de nuestros hijos y ¡protectores de sus almas!

Estoy convencida de que, cuando invitamos a María Santísima a nuestro camino del matrimonio y la crianza, el recorrido se hace mucho más llevadero. Y no sólo eso: cuando nos encomendamos en sus manos, ella realmente lucha por nosotros, por nuestra continua conversión y la de nuestra familia.

A veces se nos olvida, pero qué importante es recordar la frase que nuestra Guadalupana le dijo a san Juan Diego: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”. Por eso quiero compartirte algunas maneras en las que hemos invitado a María a quedarse en nuestra familia.

 Durante nuestro noviazgo:

Cuando mi ahora esposo iba a mi casa de visita, antes de irse, me pedía que rezáramos la oración mariana “Acuérdate”.

En ese tiempo yo no la conocía, pero me encantó y hoy sigue siendo una de nuestras favoritas para dirigirnos a María.

 Durante el embarazo:

Desde que estaba esperando a mi hijo mayor, me regalaron un librito de oraciones llamado “Primavera de Dios” (Schoenstatt) que siempre me ha acompañado en esta etapa. Es hermoso vivir la espera con nuestra buena Madre.

 Durante el nacimiento de mis hijos:

El día en que iba a nacer mi primer hijo estaba tan asustada que no podía ni rezar, pero en el periodo posparto, en mi fragilidad y con todos mis miedos, sentí la necesidad de empezar a rezar el santo Rosario a diario, cuando me quedaba sola en casa. María transformó mi corazón y estar en continua oración me ayudó a recuperarme más rápido.

 En las festividades marianas:

Desde el año pasado empezamos a celebrar sus fiestas en casa. Un postre diferente, ir a Misa juntos, coronar a nuestra Madre en mayo, son pequeños detalles que nos han permitido compartir nuestra devoción con los niños.

 Todos los días:

Desde que empezó la pandemia hemos estado rezando el Rosario los viernes por “zoom” con mis suegros y mis cuñados.

Cuando mi esposo sale a trabajar y cuando los pequeños ya están dormidos, “Dulce Madre” es la oración con la que los encomiendo.

 Una vez a la semana:

Cuando vamos a Adoración Eucarística Semanal, rezamos el Rosario en la capilla o platicamos sobre María (¡ya queremos regresar! En tus tiempos, Señor).

 Una vez al año:

Amigas… ¡La consagración mariana! Si quieres conocer a María y crecer en cercanía con ella y el Señor, esta devoción es para ti. Sin palabras…

Artículo original publicado en elarbolmenta.com

www.elarbolmenta.com

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 7 de junio de 2020. No. 1300