Por José Ignacio Alemany Grau, obispo

Reflexión homilética 21 de Junio de 2020

En las lecturas de este día se nos pide fidelidad a Dios, porque Él está por encima de todos los hombres y de todas las cosas y es el único que puede pedir fidelidad porque Él realmente es fiel.

Un ejemplo de esta fidelidad la encontraremos en Jeremías, el santo profeta que sufrió mucho por mantenerse fiel en medio de las terribles pruebas que padeció.

Jeremías

Es el gran profeta a quien Dios eligió de una manera muy especial:

“Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno te consagré: te constituí profeta de las naciones”.

En el capítulo 20, Jeremías tiene una duda sobre Dios como si, al haberlo elegido, no le hubiera dicho los sufrimientos que tendría que soportar a lo largo de su vida profética:

“Me sedujiste Señor y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido”.

Después de esto, en la lectura de hoy, el profeta concreta algunos de los momentos difíciles que le hicieron pasar sus enemigos; pero Dios lo libró con su fortaleza.

Jeremías termina glorificando al Señor:

“Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de la gente perversa”.

Por encima de todo, Jeremías es el profeta que proclama los mensajes difíciles de Dios con toda valentía ante las mismas autoridades, jugándose la libertad y hasta la vida muchas veces.

Salmo 68

Es precioso, pidiendo a Dios que nos escuche por su bondad y misericordia:

“Mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión vuélvete hacia mí”.

San Pablo

Pablo enseña que por un hombre, Adán, pecamos todos, y por eso la muerte pasó de él a todos los hombres.

Pero la maravilla de la misericordia de Dios fue mucho más grande en la recuperación porque en Jesús, que además es Dios, toda la humanidad ha encontrado la salvación:

“No hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más por la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre Jesucristo, sobró para la multitud”.

Nuestra gratitud nos debe llevar a la fidelidad de por vida.

Verso aleluyático

Nosotros somos testigos, junto con el Espíritu Santo, de la salvación que nos ha traído Jesucristo:

“El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio”.

Evangelio

San Mateo recoge unos consejos muy importantes de Jesucristo.

Sabemos que cuando se descubre que una persona de prestigio y poder ha cometido un grave delito de corrupción, tiemblan él y toda la familia. Incluso, los que lo han “ayudado”, temen lo peor para ellos mismos y los suyos.

¿Cómo será cuando Jesús descubra nuestra conducta “porque nada hay escondido que no llegue a saberse”?

Frente a todas estas cosas Jesús nos pide:

“No tengáis miedo a los hombres”.

Porque debemos entender que los hombres pueden matar el cuerpo pero no pueden matar el alma. Por eso Jesús aclara:

“Temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo”.

También nos invita Jesús a confiar en la providencia porque si Dios cuida de los pajaritos, mucho más nos protege a nosotros, ya que “no hay comparación entre vosotros y los gorriones”.

Y termina el párrafo diciendo:

“Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombre yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”.

Aprendamos hoy de Jeremías el grande y valiente profeta, y también de tantos mártires que no temieron dar la vida para mantener su fidelidad a Jesús.