Por Sergio Estrada

Una de las más importantes devociones de los católicos en el mundo es la consagración al Sagrado Corazón de Jesús, debido a que los consagrados conocen y experimentan la misericordia de Jesús, tal como lo experimentó Santa Margarita María  Alacoque, vidente del Sagrado Corazón de Jesús, a quien pidió su propagación pidiendo la conversión de la humanidad.

Así fue como el pasado 19 de Junio, día del Sagrado Corazón de Jesús más de 2 mil personas se consagraron a esta devoción en un evento internacional llevado a cabo de manera digital, realizado por la fundación rescatando el amor. A través de testimonios, conferencias y reflexiones muchas personas también entronizaron la imagen del Sagrado Corazón a sus hogares.

Santa Margarita María Alacoque decía. “Al Corazón de Jesús le agradan mucho los servicios de los pequeños y humildes de corazón socorriéndoles con bendiciones en sus vida”. Dentro de la promesas del Sagrado Corazón se tienen: “A las almas consagradas a mi Corazón, les daré las gracias necesarias para su estado, daré la paz a las familias, las consolaré en todas sus aflicciones, seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte, derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas”.

“Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia, las almas tibias se harán fervorosas, las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección, bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada, daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos, las personas que propaguen esta devoción, tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él, a todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final”.

Sin embargo, para obtener las gracias del sagrado Corazón se debe:  Recibir sin interrupción la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes consecutivos, tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final y ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.