Ocultar y censurar información también produce daño en la sociedad.

Por P. Fernando Pascual

Las alarmas sobre las fake news tienen una sana justificación: hay que avisar a la gente del peligro de ser engañados por lo que parece una noticia y sólo es algo falso, manipulado, incluso calumnioso y dañino.

Pero hay otro fenómeno que puede ser más peligroso que las fake news. ¿De qué se trata? De la opción de particulares, o de grupos, o de medios informativos, o de gobiernos, de silenciar ciertos temas y dar sólo espacio a otros.

Eso ocurre, por ejemplo, cuando un día sí y otro también se habla de una importante decisión bancaria mientras se silencia por completo todo lo que se refiera a un préstamo otorgado al Estado que implica enormes peligros a largo plazo.

O cuando se insiste un día y otro y otro sobre los miles de muertos de una epidemia, mientras no se da casi ninguna información actualizada y con historias concretas sobre los miles de hijos que son eliminados diariamente por culpa del aborto.

O cuando se recoge la opinión de un personaje más o menos relevante sobre un tema social, mientras se margina sistemáticamente a quienes critiquen la opinión de ese personaje con argumentos que, como mínimo, merecerían ser escuchados, aunque no sean compartidos.

Ya en diversas ocasiones se ha señalado que la prensa tiene un poder sorprendentemente eficaz: el poder de ocultar. Ese poder, empleado desde actitudes de odio, desde ideologías destructivas, desde intereses egoístas, desde proyectos de “ingeniería social”, puede dañar enormemente a la gente, especialmente cuando algunos sufren injusticias sistemáticamente escondidas en los medios informativos.

Por eso, mientras crece la preocupación por las fake news y se busca formar a la gente para que pueda defenderse ante engaños y manipulaciones que se difunden rápidamente gracias a internet, también hay que avisar a la sociedad del grave daño que se produce cuando algunos censuran y ocultan hechos y puntos de vista que merecen ser conocidos por el gran público para promover un auténtico y bien informado debate sobre temas fundamentales.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 12 de julio de 2020. No. 1305