Es la manera más cruel de confrontar a las madres con sus hijos

Por Marcela Palos García

El aborto no es el inicio de la cultura de la muerte, es la culminación de la cultura de la muerte. Si un gobierno determina que puede asesinar a la persona más joven, más sana, con todas las potencialidades y un futuro por delante, y que además es capaz de despertar el mayor nivel de ternura, ¿porque no legalizar matar a cualquiera de nosotros, especialmente a los más ancianos, enfermos, o aquellos que para sus estándares gubernamentales significan una carga?

El asesinato de la persona en edad embrionaria es el hecho más terrible que le puede suceder a una nación. Si bien las guerras son desastrosas por el odio y destrucción que generan, al final del día quienes se matan son completos desconocidos, los rivales de un lado y otro, no tienen ningún vínculo. Sin embargo, en el caso del asesinato de la persona en edad embrionaria está presente el vínculo esencial de toda persona, la unión entre madre e hija o hijo.

La legalización del aborto saca la atroz batalla de los territorios, de los países, para trasladar la zona de guerra al vientre materno e iniciar el combate más despiadado. La cultura se trastorna mediante la hipersexualización. Se engaña a las mujeres, las convencen de que en su vientre no hay ningún hijo, para luego presionarlas al quitarles todo apoyo posible y abandonarlas. Dando como resultado que aborten. De esa manera confrontan a las madres contra sus hijos.

Al aborto le llaman servicio de salud pública, ¿Qué tiene que ver con salud un procedimiento donde al iniciar entran dos personas sanas y, al salir, una está muerta y la otra totalmente destruida?

La gran mentira del aborto es hacerle creer a la mujer que no es capaz de amar a sus hijos, que no es capaz de salir adelante a pesar de las dificultades. El aborto es el acto más violento contra la mujer y sus hijos. Al final, los hijos sobrevivientes al aborto habrán nacido en la tumba de sus hermanos.

Ese es el panorama que nos espera de legalizarse el aborto. Una sociedad deshumanizada, egoísta, y llena de muerte, encabezada por un gobierno aberrante capaz de destruir lo más sagrado que es la vida y engañar a las mujeres con la finalidad de reducir la población y obtener beneficios políticos y económicos.

Si bien la vida no ofrece ninguna garantía, el aborto destruye cualquier posibilidad. Ayúdanos con tu firma, los mexicanos no merecemos el aborto ni la profunda herida cultural que su legalización conlleva en todo país.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 9 de agosto de 2020. No. 1309