El pasado 19 de junio Francisco aprobó la beatificación del venezolano de 54 años José Gregorio Hernández, “el médico de los pobres”, fallecido en Caracas, en olor de santidad, hace 101 años tras ser atropellado accidentalmente por un vehículo. A su sepelio asistieron 30 mil personas, y en su pueblo natal, Isnotú, se construyó un santuario en su nombre, a donde acuden miles de personas a pedir su intercesión ante alguna enfermedad.

Se le atribuyen innumerables milagros, pero el que la Santa Sede analizó y avaló fue el de la curación de una niña de 11 años de edad que sufrió graves afectaciones pulmonares y neurológicas tras recibir dos balazos cuando viajaba con su padre en una motocicleta y dos sujetos les dispararon en un intento de robo. La niña fue sometida a varas cirugías, pero al final los médicos determinaron que ya no había posibilidad alguna de mejoría neurológica. La madre de la niña rezó a José Gregorio Hernández, y el 15 de marzo de 2017 la pequeña fue dada de alta porque se curó.

Sin embargo, la brujería y la santería en Venezuela se ha apoderado del culto a este médico cristiano que deseaba ingresar en la vida religiosa consagrada.

Los hechiceros y los sacerdotes paganos toman imágenes del médico José Gregorio Hernández para hacer rituales de magia, y ellos y sus clientes aseguran que obtienen grandes resultados.

Por supuesto, ningún favor, curación o efecto obtenido a partir de la magia y la brujería viene de Dios, ni tampoco del venerable José Gregorio ni de la Virgen ni ningún santo, sino del Enemigo, que “se disfraza de ángel de luz” (II Corintios 11, 14) a fin de confundir y engañar a la gente.

Y ésta es precisamente la razón por la que la causa de beatificación de “el médico de los pobres” quedó estancada por mucho tiempo, ya que elevarlo a los altares supone el riesgo de aumentar su culto incorrecto.

Más santos robados

Ahora bien, el del venerable José Gregorio Hernández no es el único caso en el que el mal ha intentado disfrazarse de bien utilizando imágenes de santos; de hecho es una práctica arraigada en los países de América, y que ha logrado engañar a miles y miles de católicos a lo largo de los siglos.

Entre los santos que se han querido robar los hechiceros de todo tipo, está desde luego la Santísima Virgen; por ejemplo, en México, usan oraciones a la “Virgen de Guadalupe” con la pretensión mágica de atraer el amor o alguna otra cosa; o la “Virgen del Carmen”, en Catemaco, Veracruz. O, en Cuba, a la “Virgen de la Caridad del Cobre”, la favorita de los muchos que practican la santería afrocubana, es decir, la religión pagana de la tribu de los Yorubas, en Nigeria, la cual llegó al país caribeño con los esclavos, los cuales la disfrazaron de “católica” al escudar a sus falsos dioses presentándolos como si fueran los verdaderos santos del cristianismo.

Hay una larga lista de desviaciones en este sentido. Así, cualquier curandero, chamán, brujo, mago, hechicero o como se le quiera decir, puede decirle a su cliente que compre una medalla de san Benito contra las intrigas, o una estampa de san Miguel contra las envidias; que le rece a san Alejo para alejar a los enemigos y todo lo malo, y para ganar la lotería o para separar a una pareja; a santa Marta para dominar, atraer y doblegar al ser amado; o a san Judas Tadeo para los hechizos de amor o para conseguir dinero urgente.

Y, en Ecuador, la brujería, para hacerse de clientes, utiliza a san Gonzalo García, un mártir franciscano.

TEMA DE LA SEMANA: CÓMO SE CONSTRUYO EL IMPERIO DE LA MENTIRA

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 9 de agosto de 2020. No. 1309