El asunto de las Misas suspendidas o con acceso restringido de los fieles a los templos, va mucho más allá de la sola existencia del SARS-CoV-2.

Ejemplo de ello es que, tras que el domingo 26 de julio el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, celebrara en la Basílica de la Sagrada Familia una Misa por las víctimas del covid, con algunas decenas de fieles, el gobierno lo multó con 60 mil euros porque no se permite allá que en una Misa haya más de diez personas, aunque el templo sea enorme, y aunque actualmente esté abierto para recibir hasta 2 mil turistas a un mismo tiempo.

Entonces hay lugares donde volver a la Misa normal será motivo de muchos obstáculos, incluso contrarios a la razón.

¿Vamos a misa?

Si han vuelto a la parroquia, ciudad o región donde uno vive algunas de las Misas presenciales, se puede asistir de manera no obligatoria, aunque siempre será recomendable —como siempre lo fue— que si alguien está posiblemente enfermo de algo contagioso, o si es especialmente susceptible de enfermar al exponerse al virus, entonces es prudente no hacerlo.

¿Y si ya se restauraron todas las Misas?

Si ya se restauraron todas las Misas pero prevalece la “sana distancia”, es imposible que haya espacio para todos los feligreses que ordinariamente iban a la Eucaristía dominical, pues los templos —al menos en México y otros países de América— solían tener sobrecupo en todas las celebraciones eucarísticas antes de la pandemia. Por tanto, la razón indica que así no puede ser obligatoria todavía la Misa presencial.

¿Hay solución?

Los obispos de Polonia desde marzo dieron a conocer la solución: hacer más Misas dominicales para que no haya demasiados fieles en cada una.

Incluso se han propuesto muchas Misas entre semana, si fuera necesario, para que no todos los fieles acudan en domingo, sino otro día. Esto sería válido porque el precepto dominical, es decir, aquel que establece como obligatorio participar en la Misa todos los domingos y fiestas de guardar, no es un mandamiento de Dios, sino de la Santa Madre Iglesia, y por esto de ella depende suspenderlo, como lo ha hecho hasta ahora por la pandemia, o bien modificarlo.

¿Entonces el Domingo ya no “obliga” al católico?

De momento está suspendido el precepto dominical; pero lo que la Iglesia no puede suspender es la ley de Dios, que manda santificar las fiestas, empezando por el Día del Señor, que para los cristianos es el domingo, fiesta semanal de la Resurrección de Jesucristo.

Así, aun cuando no se pueda participar en la Misa del domingo de manera presencial, ni por televisión, radio o internet, los católicos no están dispensados de santificar el domingo.

¿Cómo santificar el día domingo?

Juan Pablo II, en su carta apostólica Dies Domini, señala que el Día del Señor debe ser “separado” de los otros días, y que se le santifica con la participación en la Eucaristía, con la oración, con las obras de caridad, con la abstención del trabajo y con el descanso.

Si no se puede santificar con la participación en la Misa, sí se puede y debe santificar con todos los otros elementos.

¿Qué hacer si no hay misa en los medios?

Millones de cristianos católicos no tienen internet, Facebook o televisión por cable, así que en la pandemia no cuentan con ningún acceso a la Misa a través de los medios de comunicación. Otros sí los tienen pero encuentran que las Misas transmitidas cambian repentinamente de horario, se cancelan o la señal se interrumpe.

En tal caso, conviene hacer una celebración familiar de la Palabra, haciendo examen personal de conciencia, rezando el “Yo pecador” y el “Himno del Gloria”. Tomar la Biblia —si se tiene— y leer algunos pasajes, y que toda la familia los comente. Rezar el “Credo”, orar en voz alta por distintas necesidades, y concluir con el “Padrenuestro”.

También conviene hacer la comunión espiritual, todas las veces que se quiera y todos los días.

TEMA DE LA SEMANA: ¿CÓMO ADORAR A DIOS EN TIEMPOS DE PANDEMIA?

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 16 de agosto de 2020. No. 1310