Por Sergio Ibarra

La justicia es un asunto con el que el hombre batalla durante toda su vida: ¿fue justo esto o lo otro? ¿por qué le toca a aquel y no al de enfrente o a mí? ¿ese era el sueldo que me tocaba o no? ¿por qué pagar más impuestos si no hay buenos servicios? Cuestionamientos que llevan a una reflexión sobre el mundo de los bienes físicos e intelectuales.

El pasado 6 de agosto se promete un Plan de Justicia para el Pueblo Yaqui en Sonora, para la restitución del territorio reconocido en el decreto presidencial de 1937, tal reconsideración implicaría a Ciudad Obregón completa. Los tiempos, en que el Sr. Cárdenas repartió la tierra sin ton ni son ocasionando miles de asentamientos irregulares en todas las ciudades del país, eran otros y radicalmente distintos a los actuales.

Michael Walzer (1935), maestro de la Universidad de Harvard, pensador dedicado a investigar la complejidad de la Justicia, nos ayuda a explicar tal acto presidencial. Dice que la sociedad humana es una comunidad distributiva, los hombres nos asociamos para hacer las cosas compartidas, divididas e intercambiadas. En las décadas posteriores cientos de ejidos se enajenaron ilegalmente, se intercambiaron y los gobiernos debieron regularizar asentamientos, dividiendo, para evitar injusticias.

La idea de la justicia distributiva guarda una relación entre el hacer y el tener, cada país justifica y resuelve formas de distribución. El peligro son los monopolios públicos o privados, que lejos de generar igualdad, generan concentración de poder y riqueza. Cuando se dejan de intercambiar o de dividir proporcionalmente los bienes, es cuando la distribución es inequitativa. Walzer, subraya al trabajo duro como clave para que exista un balance. Se puede aspirar a la justicia distributiva siempre y cuando cada miembro de la sociedad trabaje y produzca. Esa zona del país es hoy uno de los pulmones agrícolas y ganaderos de México, ¿Con qué evidencias de trabajo duro se acredita un reclamo de esta naturaleza?

Al margen de las consecuencias políticas, sociales y legales de este anuncio, el riesgo es una mayor disminución en la confianza para la inversión, indispensable contra la caída de la economía que la pandemia ya está ocasionando.

No vaya siendo que uno de estos días aparezcan los Aztecas y reclamen la propiedad del centro histórico de la Ciudad de México o los Mayas el territorio de Chichen-Itza.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 30 de agosto de 2020. No. 1312