Ha habido diversos Papas conocidos por su buen humor. Entre ellos, Pío IX, “el Papa humorista” a pesar de sus grandes sufrimientos, culminados con la pérdida de los Estados Pontificios; y, desde luego, Juan Pablo II.

Pero Angelo Roncalli no se queda atrás. Aquí algunos ejemplos:

  • Cuando era nuncio en Francia, le presentaron al rabino jefe de París, y cuando los huéspedes pasaron al salón, el rabino invitó al nuncio a precederle; pero Roncalli le respondió ceremonioso: “¡Que pase primero el Antiguo Testamento!”.
  • Coincidió en París con el dirigente comunista francés Maurice Tohrez y le dijo: “Aunque le pese, pertenecemos al mismo partido”. Y Tohrez le preguntó: “¿Y qué partido es ése?”, a lo que el Nuncio respondió: “El de los gordos”, porque ambos era obesos.
  • En cierta ocasión le invitaron a hablar sobre el político y escritor Édouard Herriot, jefe del gobierno francés en tres ocasiones durante la Tercera República y radical anticlerical. “Sólo disentimos en política, lo cual, es bien poca cosa, ¿no les parece?”, respondió el nuncio Roncalli.
  • Durante el cónclave, en la sala contigua a la Capilla Sixtina los sastres, como es costumbre, ya tenían sotanas blancas en tres tallas distintas para garantizar que alguna le quedara al futuro Papa. Pero al ser elegido Juan XXIII, ninguna le sentaba bien a causa de su sobrepeso, así que tuvieron que hacerle ajustes en ese preciso momento. Entonces, antes de salir a dar su primera bendición, el Papa dijo: “¡Está claro que los sastres no deseaban que yo fuera Papa!”.
  • Durante la ceremonia de su coronación, el primer día que debía subir a la silla gestatoria, bromeó: “¿No se hundirá esto con tanto peso?”.
  • A algunos que decían que su papado sería “de paso”, él respondió que sería “de paseo”.
  • En su segunda audiencia pública, habló de lo grande que es el Vaticano: “Me han dicho que en los Sagrados Palacios hay unas once mil habitaciones. Hará falta bastante tiempo para encontrar el camino”.
  • Un periodista le preguntó al Papa Roncalli cuánta gente trabajaba en el Vaticano. “Aproximadamente la mitad”, respondió.
  • Cuando fue a visitar a un sacerdote al Hospital del Espíritu Santo, en Roma, la monja que lo dirigía se presentó ante el pontífice diciendo: “Santo Padre, soy la superiora del Espíritu Santo”. Él contestó: “Es usted muy afortunada. Yo sólo soy el vicario de Cristo”.
  • Al recibir en el Vaticano a un senador estadounidense, éste le informó que su confesión religiosa no era católica sino bautista; entonces Juan XXIII replicó con rapidez: “Y yo soy Juan, así que ya estamos completos”, haciendo referencia a san Juan Bautista.
  • Se convirtió en una costumbre concluir sus encuentros con los visitantes con estas palabras: “Volved, volved; por desgracia siempre estamos aquí”.
  • En 1623 Urbano III había dispuesto que el Papa comiera solo, y así se hizo hasta Pío XII. Pero a Juan XXIII no le gustaba, decía que así se sentía “como un seminarista castigado”. Dos electricistas arreglaban unos cables justamente debajo de la ventana del Papa y entonces él los invitó a entrar por la ventana a sentarse a comer con él. Cuando terminaron, para que no se enteraran los guardias y se armara un lío, sugirió a los trabajadores que salieran discretamente por donde habían entrado.
  • Cuando dijo a la Curia Romana que deseaba convocar pronto a un cónclave, uno de los miembros le contestó: “No hay la menor posibilidad de que podamos tener todo ultimado para celebrar el concilio en 1963”, entonces Juan XXIII le dijo: “Muy bien. Entonces habrá que celebrarlo en 1962”.
  • Llegó a decirle a algunos colaboradores: “Con frecuencia me despierto por la noche y comienzo a pensar en una serie de graves problemas y decido que tengo que hablar de ellos con el Papa. Después, me despierto completamente y ¡me acuerdo de que yo soy el Papa!”.

TEMA DE LA SEMANA: SAN JUAN XXIII: VER A LA IGLESIA DESDE EL MUNDO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 25 de octubre de 2020. No. 1320