Aunque, antes de convertirse en obispo de Roma, fue diplomático por parte de la Santa Sede, siendo delegado apostólico en Bulgaria, Turquía y Grecia, y luego nuncio en Francia durante ocho años, lo cierto es que Angelo Roncalli nunca perdió el gusto por la vida sencilla, la cual vivió en su infancia al nacer en el seno de una familia de campesinos numerosa y pobre.

En general no le gustaban demasiado ni la oficina ni los papeles ni los protocolos; prefería ser más como un pastor, saliendo a encontrarse con las ovejas en las escuelas, universidades, seminarios, hospitales y cárceles.

PRIMERA NAVIDAD PAPAL

En su primera Navidad tras convertirse en Juan XXIII, salió del Vaticano para visitar a los niños en el principal hospital infantil Bambino Gesû, de Roma. Al día siguiente visitó a los presidiarios en la principal cárcel de la ciudad, y dedicó los domingos a visitar las parroquias de la capital.

Además “escapó” a escondidas del Vaticano 152 veces.

Guido Gusso, quien fuera el ayudante de cámara o mayordomo de Juan XXIII, cuenta que el pontífice no dejaba de marear a la Guardia Suiza y a la Policía italiana con sus salidas imprevistas y tan frecuentes.

El pontífice salía del Palacio Apostólico o de Castel Gandolfo con Guido Gusso en un automóvil, pero no siempre lograba pasar desapercibido, como Juan XXIII pretendía.

Aquellas “escapadas” eran casi como travesuras, pues el Papa se las ingeniaba para despistar tanto a los gendarmes como a sus colaboradores más directos, tales como su secretario personal.

Entre las anécdotas con el “Papa Bueno”, Guido Gusso recuerda ésta: “Después de ocho días paseando por los Jardines Vaticanos me dijo: ‘¡Damos siempre el mismo paseo! Llévame a la fuente del Gianicolo, en Villa Borghese’. Eran sitios que él conocía porque estudió en Roma. Yo le respondí: ‘¡Pero, Santidad, no podemos!’. Y él me decía: ‘¿Cómo que no se puede? Nos subimos al coche y nos vamos’. Los gendarmes se volvían locos porque no sabían dónde se había metido el Papa”.

DE ESCAPADA A UN VALLE

Una vez Guido le contó al pontífice que había visitado un valle que se parecía a la región donde el Papa había nacido, y éste quiso ir, así que propuso este plan: “Hay una reja cerca del cementerio de Albano. Que te den las llaves. Abres y lo dejamos abierto unos diez días, así nadie sabrá qué está pasando”.

Entonces llegó el día para ver el ansiado valle, el cual se encontraba cerca de Castel Gandolfo. Le dijo Juan XXIII a su mayordomo: “‘Vamos al coche y damos unas vueltas y así mareamos a los gendarmes, luego abres la reja y nos vamos’. Y fuimos al valle. La gente lo reconocía porque íbamos muy despacio”. Cuando regresaban, el camino era estrecho y había mucha gente que lo reconoció. Entonces “la multitud empezó a gritar: ¡Viva el Papa, nuestro Juan! No podíamos pasar y al final llegamos al Palacio Apostólico, pero desde la entrada central hasta el final de la avenida de Castel Gandolfo los gendarmes estaban como locos, y también la policía italiana…¡si hubieran visto la cara de los guardias suizos!”, dice Guido.

Posteriores escapadas del Papa con su mayordomo tuvieron lugar en Roma y en ciudades cercanas.

“Normalmente íbamos en su coche, un Cadillac Chrysler —explica Guido Gusso—, pero a veces me decía que fuéramos con el mío, un Opel Record bicolor, marfil y azul”.

BENDICIÓN EN PERSONA

Un día regresaba Juan XXIII al Vaticano con su secretario personal, después de haber visitado un asilo de ancianos y de haberles obsequiado algunos regalos. Al pasar por delante de una casa, el secretario la señaló y dijo: “Santidad, en esta casa vive el profesor Lolli, redactor de L´Osservatore Romano. Tiene a su mujer muy enferma. ¿No podría enviarle una bendición?”. Y el Papa le contestó: “Es difícil mandar una bendición por el aire. ¿No es mejor llevársela personalmente?”. Y entonces, sin avisar, como tantas veces hacía, llamó a la puerta del redactor del diario para llevarle a la esposa la bendición en persona.

“JOHNNIE WALKER”

Los romanos, con sentido del humor, le llamaban con cariño al Papa “Juan extramuros”, en referencia a la famosa basílica de San Pablo Extramuros. Otros, en recuerdo de una conocida marca de whisky, “Johnnie Walker”, le llamaban “Juan el caminante”.

TEMA DE LA SEMANA: SAN JUAN XXIII: VER A LA IGLESIA DESDE EL MUNDO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 25 de octubre de 2020. No. 1320