La nueva Encíclica social del Papa Francisco, “Fratelli tutti”, es una herramienta que ayuda a superar algunos de los problemas más agudos de nosotros los católicos en las luchas sociales y políticas que tenemos que librar en el presente y eventualmente en el futuro.

Atento tanto a los excesos de las derechas como de las izquierdas, el Papa Francisco propone revisar las propias posiciones, las propias convicciones, los propios compromisos para purificarlos y corregir los vicios profundos en que eventualmente caemos. Algunos sectores “izquierdistas” han intentado durante décadas reducir el cristianismo a un mensaje revolucionario, subversivo, que alienta la confrontación clasista. En época reciente, la ideología de género, por ejemplo, ha sido un ariete usado para dividir, para sembrar suspicacias, manipulando una causa por demás justa: la igual dignidad de todas las personas y la necesidad de una mayor comprensión sobre la relación entre identidad sexual y su dimensión socio-cultural (género).

Por su parte, en algunos sectores de “derechas”, de manera simétrica, han aparecido increíbles simplificaciones sobre las causas y los agentes que promueven el mal en el mundo. Al grado que algunos pierden la referencia existencial, real y concreta del dato de la fe, y lo subordinan a la ideología conservadora que les acomoda.

Un ejemplo elocuente es el actual escenario electoral norteamericano. Con razón muchos católicos se preocupan de votar a favor del partido demócrata ya que puede significar apoyar el aborto. Un católico, ciertamente, no puede dar su voto a favor de un proyecto político que incluya este grave crimen en su agenda salvo cuando existan razones graves y proporcionadas para hacerlo. La enseñanza del Cardenal Joseph Ratzinger sobre estas cuestiones es clarísima. Sin embargo, algunos católicos “pro-vida” parecen no darse cuenta que esta misma doctrina aplica al Partido Republicano y su candidato ya que un católico no puede apoyar con su voto a una fórmula que promueva la pena de muerte. La controversia que existió durante siglos sobre la legitimidad de la pena de muerte al interior de la Iglesia ha llegado a su fin con la prohibición expresa de este tipo de acciones tanto en el Catecismo de la Iglesia católica como en la Encíclica “Fratelli tutti”.

¿Qué nos propone el Papa? Salir de la ideología. Corregir, aunque nos cueste trabajo. Romper con los compromisos que encarcelan nuestra fe o la subordinan a una agenda aparentemente justa pero lastrada por un reduccionismo liberal o conservador. Jesucristo no es militante de ninguna de estas dos ideologías. Al contrario, las cuestiona frontalmente a ambas. Francisco nos recuerda que hoy el verdadero peligro es el “populismo” (sea de derechas o de izquierdas) en el que se manipulan las causas del pueblo, su sensibilidad, su pobreza. Lo importante es recuperar una adecuada noción de la política repensándola desde el “pueblo” y su verdadera identidad e historia. Con este método, es posible entender que no se puede hacer política de inspiración cristiana que no pase por la solidaridad desde y para los más pobres: “sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura, y por lo tanto verdaderamente integrados en la sociedad. Esta mirada es el núcleo del verdadero espíritu de la política. Desde allí los caminos que se abren son diferentes a los de un pragmatismo sin alma” (n.187).

La política siempre es imperfecta. No hay candidatos ni partidos perfectos. Por eso el cristiano debe alzarse por encima de cualquier agrupación e ideología para mantener una sana criticidad respecto de su propio proyecto y participar políticamente de manera activa sabiendo que el evangelio trasciende todas las luchas y nos invita simultáneamente a hacer el “bien posible”. El “bien posible” muchas veces es modesto pero necesario. Lo que no es deseable, es caer en las “intolerancias fundamentalistas”, las “lógicas cerradas” que buscan uniformidad y asfixian la necesaria diversidad (cf. n. 191).

¿Hasta dónde hay que llegar en este esfuerzo de reforma de la política? Francisco nos da una pista: “También en la política hay lugar para amar con ternura”, es decir, a través de “el amor que se hace cercano y concreto”. “La ternura es el camino que han recorrido los hombres y las mujeres más valientes y fuertes”. “En la actividad política hay que recordar que más allá de toda apariencia, cada uno es inmensamente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega”. (n.n. 194-195). Reformar la política bajo esta clave implica transformar los métodos educativos y promover una más radical conversión integral del corazón. La política no es para fanáticos ni para intolerantes. La política es verdadera caridad, es decir, es convicción profunda de que “todos somos hermanos”, no enemigos mortales.

Rodrigo Guerra López
Centro de Investigación Social Avanzada

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