Por Mario De Gasperín Gasperín, obispo emérito de Querétaro

Es difícil comprender, y no digamos practicar, el perdón cristiano. Perdonamos, no porque el ofensor lo merezca, sino porque Dios nos perdona. “Perdónanos, así como nosotros perdonamos”… Viendo el crucifijo aprendemos a ofrecer y recibir el perdón. Sólo la Iglesia tiene un sacramento del Perdón.

Entresaco aquí algunas expresiones de la encíclica del Papa Francisco “Todos somos Hermanos”, invitándole a estudiarla y esclarecer sus convicciones cristianas ante las divagaciones de tantos opinadores de oficio. Cito al Papa:

 “Reencuentro no significa volver a un capítulo anterior a los conflictos. Con el tiempo, todos hemos cambiado. El dolor y los enfrentamientos nos han transformado”.

 “La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. La verdad no debe conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y el perdón”.

 “La cultura del encuentro exige colocar en el centro de toda acción política, social y económica la persona humana, su altísima dignidad, y el respeto al bien común. Cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad”.

 “Algunos prefieren no hablar de reconciliación porque entienden que el conflicto, la violencia y las rupturas son parte del funcionamiento normal de la sociedad. El perdón y la reconciliación son temas fuertemente acentuados en el cristianismo. Jesucristo nunca invitó a fomentar la violencia o la intolerancia”.

 “No se trata de proponer un perdón renunciando a los propios derechos ante un poderoso corrupto, ante un criminal o ante alguno que degrada nuestra dignidad. Amar a un opresor no es consentir que siga siendo así. Nadie me prohíbe que exija justicia para que esa persona no vuelva a dañarme”.

 “La clave está en no hacerlo para aumentar la ira que enferma a la persona y el alma de nuestro pueblo. No podemos ponernos de acuerdo y unirnos para vengarnos”.

 “No es posible decretar una ´reconciliación general´, pretendiendo cerrar por decreto las heridas o cubrir las injusticias con una mano de olvido. ¿Quién se puede arrogar el derecho de perdonar en nombre de los demás? Los que perdonan de verdad no olvidan, pero renuncian a ser poseídos por esa misma fuerza destructiva que los ha perjudicado”.

 “La violencia ejercida desde las estructuras del poder del Estado no está en el mismo nivel de la violencia de los grupos particulares. Nosotros debemos a toda víctima inocente el mismo respeto. No puede aquí haber diferencias raciales, confesionales, nacionales o políticas”.

 Ora el Papa: ”Pido a Dios que prepare nuestros corazones al encuentro con los hermanos más allá de las diferencias de ideas, lengua, cultura, religión; que unja todo nuestro ser con el aceite de la misericordia”.

 Los Obispos mexicanos dijimos: “Los cristianos siempre hemos de estar a favor de la verdad y la justicia, y por razón de nuestra fe hemos de aportar además el valor supremo de la caridad que perdona, reconcilia y confía en la misericordia de Dios” (“Conmemorar nuestra Historia desde la Fe”).

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 1 de noviembre de 2020. No. 1321