XXXII Domingo tiempo ordinario (Mt 25,1-13)

Por P. Antonio G. Escobedo Hdz.

En tiempos de Jesús, después de la ceremonia de la boda, había un gran banquete con danza y tanta diversión que podía durar varios días. Para la pareja, era la semana más feliz de sus vidas. También era una semana feliz para sus amigos, ¡era un evento que no se debían perder!

En el evangelio de este domingo Jesús nos habla de diez doncellas, cinco prudentes y cinco despistadas. Hay que notar que las diez vírgenes se durmieron, así que haberse dormido no es el problema. Las prudentes son diferentes de las insensatas solamente en una cosa: tienen la precaución de tomar aceite para rellenar sus lámparas. Las doncellas debían estar preparadas porque la llegada del esposo sería la señal del comienzo de una gran y gozosa festividad; se trataba de uno de los acontecimientos más grandes de sus jóvenes vidas. El tema es estar preparado, no para esperar lo peor sino para lo mejor.

El esposo se retrasa… a media noche, oyeron un clamor: ¡ya llega el esposo! Las diez vírgenes despertaron y arreglaron sus lámparas. Todas estaban listas para la llegada del esposo, pero solamente las prudentes estaban preparadas para el retraso del esposo. Las vírgenes insensatas piden a las prudentes que compartan de su aceite pero éstas se rehúsan. Estamos tentados a criticar su egoísmo, pero en su prudencia se dan cuenta de que si comparten el aceite se acabará pronto y sería una tragedia porque el esposo no tendría luz para su fiesta. Ellas sugieren una solución: vayan a la tienda y compren más aceite. No estaban careciendo de amabilidad, simplemente estaban enfrentando los hechos.

Mientras las vírgenes insensatas buscan aceite llegó el esposo. Las que estaban preparadas entraron con él a la boda y se cerró la puerta. Las otras regresaron tiempo después. No sabemos si han encontrado aceite. En realidad no importa si ahora tienen aceite o no: no lo tenían cuando el esposo llegó. Ahora es muy tarde. Un poco antes Jesús advirtió: “no todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt 7,21-23). Cuando el esposo llega, es muy tarde para pedir prestado aceite. Debió haber sido devastador ser rechazadas por el esposo. El rechazo se hace todavía peor cuando uno se da cuenta que era muy fácil haber entrado a la fiesta, pues bastaba haber tenido aceite suficiente. ¿Por qué no lo hicieron?

El núcleo de esta parábola es que debemos estar preparados todo el tiempo con aceite para el regreso de Cristo. Por ello, hoy podemos preguntarnos ¿cuál es el aceite que necesitamos para cuando el Señor regrese?

Por otra parte, muchas personas piensan que el regreso del Señor es el momento de nuestra muerte, sin embargo debemos recordar que Jesús llega para darnos vida no para darnos muerte. Por lo tanto, la parábola fundamentalmente habla de la llegada del Señor en la vida presente. Él nos mostrará su presencia en un momento inesperado. ¿Nuestro corazón está listo para recibirlo?