Por Arturo Maximiliano García

Probablemente sólo las personas de 50 años para arriba recordarán las inflaciones de más de 100% mensuales que sufrió México a mediados de los ochentas, son recuerdos poco gratos de fuertes aumentos de precios sostenidos. La inflación diluye el valor de nuestro dinero y hace que cada vez podamos comprar menos con lo mismo, impactando el poder adquisitivo de los mexicanos, pero requiere análisis.

Si mis ingresos no aumentan más que la inflación, entonces estamos perdiendo capacidad de compra. Por ejemplo, en 2019 el Índice Nacional de Precios al Consumidor, (INPC) fue de 2.83 por ciento anual, por cierto la segunda más baja de la historia, lo que implica a grande rasgos que si tus ingresos no aumentaron ese año en la misma proporción, entonces no te alcanzará para lo mismo que el año pasado.

Si sucede que en esa carrera entre inflación y el aumento de ingresos perdemos cada año, entonces al paso del tiempo, nuestro poder adquisitivo se deteriora de manera importante por el diferencial acumulado, pudiendo generar movimientos económico- sociales. Digamos que mover a personas de clase media a media baja o de media baja a baja, lo que se traduce en decisiones como cambiar de lugar de residencia al no alcanzar para la renta, cambiar de escuela, de auto o de plano no tenerlo; cambiar de hábitos de entretenimiento y en general de consumo.

Por esta razón saber que la inflación en 2019 terminó con un 2.83% es una noticia que da alivio, ya que 2017 y 2018 había acumulado un 11.5%. Este año tan complicado podríamos estar cerrando en cerca de 4%.

¿Quién nos protege de la inflación?

El Banco de México, que tiene como principal objetivo, que el poder adquisitivo de nuestra moneda se mantenga estable, para lo que usa algunas herramientas de política monetaria, siendo una de las más poderosas subir o bajar la tasa de referencia.

¿Quién la mide?

El INEGI, otro organismo público autónomo, que al no pertenecer ya a la Secretaría de Hacienda, ya no es juez y parte al determinar los niveles de inflación.

¿Cómo se mide?

El INEGI hace una encuesta de ingreso y gasto de las familias a nivel nacional para saber qué es lo que consume la gente en México. Una vez que se tienen identificados los productos, recopilan los precios de esos bienes y servicios en tiendas de todo el país.

Esta información se compara quincenal, mensual y anualmente para saber cómo han variado los precios en dichos periodos. Digamos que es una canasta de productos y servicios y el seguimiento del comportamiento de sus precios nos dice cuánto han variado y en que sentido, llegando al final al INPC, indicador principal para entender en que medida aumentó la inflación.

Impuesto silencioso.

La inflación, al ser un factor que implica un aumento en el precio de bienes y servicios, nos impacta como una especie de impuesto silencioso. Si se mantiene baja ese impuesto es casi imperceptible, si es alta es verdaderamente nociva para los consumidores.

Ojo, hay excepciones.

A veces el que suban los precios puede ser una señal de que la economía está pujante y la baja en el índice inflacionario puede venir aparejada de una recesión. La pandemia en general está mostrando un patrón parecido, bajaron los precios en el encierro por falta de demanda, empiezan a subir cuando se retomó parte de la actividad fuera de las casas.

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Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 1 de noviembre de 2020. No. 1321