La narración más antigua de las apariciones de la Virgen de Guadalupe al indígena san Juan Diego Cuauhtlatoatizin se conoce como Nican Mopohua , que significa “Aquí se narra”, y se trata de las palabras iniciales del documento.

Aunque el testimonio del acontecimiento guadalupano fue escrito entre 1545 y 1548 por Antonio Valeriano, un indígena noble y sabio, hasta la fecha el Nican Mopohua no ha perdido su vigencia; por el contrario, si así puede decirse, es más actual que nunca, dadas las similitudes entre ayer y hoy:

  • La Virgen se aparece, dice el texto, “diez años después de tomada la ciudad de México”, cuando “ e suspendió la guerra y hubo paz entre los pueblos, así como empezó a brotar la fe, el conocimiento del verdadero Dios, por quien se vive”.

Por tanto, la verdadera fe cristiana aún era cosa de pocos, como san Juan Diego, y es precisamente una de las razones por las que la Virgen se aparece. Hoy, aunque las estadísticas señalan que el porcentaje de los que se dicen católicos en México anda alrededor del 80%, el modo en que aquí se vive denota que el cristianismo no es lo que impera. Así que es el momento perfecto para volver a poner atención a lo que dice María de Guadalupe.

  • Ella, después de revelar su identidad, pidió: “Deseo vivamente que se me erija aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa Madre; a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen; oír allí sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y dolores”.

No sólo México, sino toda América, vive tiempos convulsos en lo político, en lo económico, en lo social y en la salud. Así como hizo hace cinco siglos, en estos tiempos de tanto sufrimiento María de Guadalupe está aquí como la enviada de Dios para consolar y auxiliar a los habitantes de estas tierras.

  • San Juan Diego lleva el mensaje de la Virgen al obispo, pero “con dificultad entré a donde es el asiento del prelado”, y “comprendí perfectamente en la manera que me respondió, que piensa que es quizás invención mía que Tú quieres que aquí te hagan un templo y que acaso no es de orden tuya”.

Ayer, como hoy, es más sencillo y cómodo dejar las cosas como están, sin conflictuarse con mensajes celestiales nuevos o antiguos. Sin embargo, no es lícito excusarse de los mandatos divinos: “Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber mi voluntad: que tiene que poner por obra el templo que le pido”.

  • El santo indígena le informa a la Madre de Dios que se le pidió una señal, y Ella dice a Juan Diego que se la dará al día siguiente. Pero al llegar a su casa encontró que a su tío Juan Bernardino “le había dado la enfermedad, y estaba muy grave. Primero fue a llamar a un médico y le auxilió; pero ya no era tiempo”, así que a Juan Diego “le rogó su tío que de madrugada saliera, y viniera a Tlatilolco a llamar un sacerdote, que fuera a confesarle y disponerle, porque estaba muy cierto de que era tiempo de morir”.

Juan Bernardino había contraído la enfermedad denominada Cocoliztli, que era una epidemia provocada por un virus (quizá viruela), que en unos pocos años mató en América a millones de nativos.

Es decir, la Virgen de Guadalupe se apareció precisamente en un tiempo y ambiente epidémico o pandémico, y justamente con la intención de remediar estas “miserias, penas y dolores” en todos los “amadores míos que me invoquen y en mí confíen”.

  • María da entonces un mensaje de fe que debería sostener también a quienes padecen hoy, de forma directa o indirecta, por la pandemia de covid: “Oye y ten entendido, hijo mío (…), que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester?”.

TEMA DE LA SEMANA: ¿QUÉ NOS DICE ELLA ESTE 12 DE DICIEMBRE DE PANDEMIA?

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 6 de diciembre de 2020. No. 1326