La Jornada Mundial por la Paz se estrenó el 1 de enero de 1968, cuando Pablo VI nominó el primer día del año como «El Día de la Paz». Su petición era que cada año se repitiera esta celebración “como presagio y como promesa” de que sea la paz “la que domine el desarrollo de la historia futura”, y que no se considerara como una jornada “exclusivamente nuestra, religiosa, es decir católica; querría encontrar la adhesión de todos los amigos de la paz, como si fuese iniciativa suya propia”.

Desde entonces la Jornada Mundial por la Paz no ha dejado de celebrarse cada año, reflexionándose, a través de un mensaje pontificio, en distintos elementos que contribuyen o que obstaculizan la paz. Aquí se señalan algunos:

Con Pablo VI

  • 1968: “Que la exaltación del ideal de la paz no favorezca la cobardía de aquellos que temen deber dar la vida al servicio del propio país y de los propios hermanos (…). Paz no es pacifismo, no oculta una concepción vil y negligente de la vida, sino proclama los más altos y universales valores de la vida”.
  • 1969: “La necesidad de la guerra podía tener una justificación sólo en condiciones excepcionales”.
  • 1970: “La paz no es propiamente una posición estática que puede adquirirse de una vez para siempre, no es una tranquilidad inmóvil. La paz no se goza; se crea”.
  • 1972: “Una paz que no sea resultado del verdadero respeto del hombre, no es verdadera paz”.
  • 1974: “La paz es posible si cada uno de nosotros la quiere; si cada uno de nosotros ama la paz, educa y forma la propia mentalidad en la paz, defiende la paz, trabaja por la paz”.
  • 1975: “No basta una paz impuesta, una paz utilitaria y provisoria; hay que tender a una paz (…) fundada en la reconciliación de los ánimos”.
  • 1977: “Todo delito contra la vida es un atentado contra la paz, especialmente si hace mella en la conducta del pueblo, tal como está ocurriendo frecuentemente hoy, con horrible y a veces legal facilidad, con la supresión de la vida naciente, con el aborto”.
  • 1978: “La violencia no es fortaleza. Es la explosión de una energía ciega que degrada al hombre que se abandona a ella, rebajándolo del nivel racional al pasional”,

Con Juan Pablo II

  • 1979: “Lo que suscita unos horizontes de paz, lo que sirve a un lenguaje de paz, debe expresarse en unos gestos de paz. En su ausencia, la convicciones nacientes se evaporan y el lenguaje de paz se convierte en una retórica rápidamente desacreditada”.
  • 1980: “La violencia se impregna de mentira y tiene necesidad de la mentira, procurando asegurarse una respetabilidad en la opinión mundial, a través de justificaciones”.
  • 1982: “El cristiano, incluso cuando se entrega a combatir y prevenir todas las formas de guerra, no duda en recordar, en nombre de una exigencia elemental de justicia, que los pueblos tienen el derecho y aun el deber de proteger, con medios adecuados, su existencia y su libertad contra el injusto agresor”.
  • 1983: “La experiencia histórica, incluso la más reciente, atestigua (…) que el diálogo es necesario para la verdadera paz”.
  • 1984: “La paz no es auténtica si no es fruto de la justicia”.
  • 1986: “La paz no puede reducirse a la mera ausencia de conflicto; ella es la tranquilidad y la plenitud del orden.

“La paz se pierde a causa de la explotación social y económica (…); a causa de las divisiones sociales que conducen a la confrontación de ricos contra pobres (…); cuando el uso de la fuerza produce los amargos frutos del odio y la división”.

  • 1987: “La solidaridad y el desarrollo son dos claves para la paz”.
  • 1991: “Una seria amenaza para la paz la representa la intolerancia, que se manifiesta en el rechazo de la libertad de conciencia de los demás”.
  • 1993: “Deseo llamar la atención sobre la amenaza para la paz derivada de la pobreza, sobre todo cuando ésta se convierte en miseria”.
  • 1995: “La construcción de la paz no puede prescindir del reconocimiento y de la promoción de la dignidad personal de las mujeres, llamadas a desempeñar una misión verdaderamente insustituible en la educación para la paz”.
  • 1998: “Todos están llamados a vivir en la justicia y a trabajar por la paz: individuos, familias, comunidades y naciones. Nadie puede eximirse de esta responsabilidad”.
  • 2000: “Es necesaria e improrrogable una renovación del derecho internacional y de las instituciones internacionales que tenga su punto de partida en la supremacía del bien de la humanidad y de la persona humana sobre todas las otras cosas”.
  • 2005: “No se supera el mal con el mal (…). La paz es un bien que se promueve con el bien: es un bien para las personas, las familias, las naciones de la tierra y para toda la humanidad; pero es un bien que se ha de custodiar y fomentar mediante iniciativas y obras buenas”.

Con Benedicto XVI

  • 2006: “Las autoridades que, en lugar de hacer lo que está en sus manos para promover eficazmente la paz, fomentan en los ciudadanos sentimientos de hostilidad hacia otras naciones, asumen una gravísima responsabilidad (…) contribuyendo así a hacer más inseguro y sombrío el futuro de la humanidad. ¿Qué decir, además, de los gobiernos que se apoyan en las armas nucleares para garantizar la seguridad de su país?”.
  • 2007: “La paz es también una tarea que a cada uno exige una respuesta personal coherente con el plan divino”.
  • 2008: “La familia natural, (…) fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, es el lugar primario de ‘‘humanización’’ de la persona y de la sociedad (…).

“En una vida familiar sana se experimentan algunos elementos esenciales de la paz:

“La justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles (…), la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo. Por eso, la familia es la primera e insustituible educadora de la paz”.

  • 2013: “Una condición previa para la paz es el desmantelamiento de la dictadura del relativismo moral (…), que cierra las puertas al reconocimiento de la imprescindible ley moral natural inscrita por Dios en la conciencia de cada hombre. La paz es la construcción de la convivencia en términos racionales y morales, apoyándose sobre un fundamento cuya medida no la crea el hombre, sino Dios”.

Con Francisco

  • 2014: “Una fraternidad privada de la referencia a un Padre común, como fundamento último, no logra subsistir. Una verdadera fraternidad entre los hombres supone y requiere una paternidad trascendente.
  • 2015: “A partir del reconocimiento de esta paternidad, se consolida la fraternidad entre los hombres (…). la fraternidad es fundamento y camino para la paz”.
  • 2016: “La indiferencia respecto al otro, a su dignidad, a sus derechos fundamentales y a su libertad, (…) favorece, y a veces justifica, actuaciones y políticas que terminan por constituir amenazas a la paz”.
  • 2019: “Los vicios de la vida política restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones (…). Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social”.
  • 2020: “Nunca habrá una paz verdadera a menos que seamos capaces de construir un sistema económico más justo”.

TEMA DE LA SEMANA: MIENTRAS HAYA PAZ, HABRÁ ESPERANZA

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 27 de diciembre de 2020. No. 1329