Por Arturo Zárate Ruiz*

En 2021 se redoblará el esfuerzo por legalizar el aborto en México. Hay varias razones para preverlo así:

El desprestigio de los líderes y los partidos políticos es tal que para llamar la atención renovarán sus propuestas en favor del aborto.

La “solución” de algunos ricos a la pobreza consiste en eliminar a los pobres. Por ello los Soros, los Ford, los Rockefeller y los Gates financian generosamente a no pocas organizaciones civiles y diputados en los congresos para que promuevan y aprueben leyes abortistas. Lo acaban de lograr en Argentina.

Múltiples académicos, comunicadores en los medios, gente común que presume ser pensante repiten como pericos lo que consideran “progre”. Y el clima intelectual de hoy les dice que apoyen el aborto. Hablar distinto sería un suicidio laboral: se les despediría por “carcas”, como si favorecer el aborto fuera “progre”, y como si ser conservador no sea lo indicado muchas veces, como cuando se defiende la vida.

Dentro de este clima “progre” es difícil esperar que políticos importantes se opongan abiertamente al aborto porque los medios de comunicación, los académicos y los intelectuales los lincharían. Además, les vale. Fue durante la presidencia de un líder “conservador”, Fox, que se aprobó y facilitó la píldora abortiva en México.

¿Qué podemos hacer?

Por supuesto, rezar y encomendarnos a Dios. Pero Dios espera que hagamos lo nuestro.

A los cristianos debe quedarnos claro que defender la vida no es un asunto de pura fe, como nos caricaturizan los promotores de la muerte. Es aun antes un asunto de razón. Que el producto de la concepción es un ser humano no es una opinión a debatir (¿a poco es una amiba, o una jirafa, o un camello?) Es un hecho del cual debemos informar, de ser necesario, con detalles.

No se mata a nadie porque “soy pobre”, o “es discapacitado”, o porque “estorba mi desarrollo profesional”, o porque “no lo quiero”, o porque “está en coma, no lo va a sentir”. Tampoco se debe matar a un niño por nacer.

No sé es “progre” o “pro-mujer” con el aborto. La mayoría de abortados son niñas por la práctica machista de preferir varoncitos.

Hay numerosas alternativas al aborto, entre otras, la adopción. Matrimonios sin hijos hacen cola en muchos orfanatos sin tener la oportunidad de adoptar a un niño todavía.

 Los políticos cobardes, quienes no quieren públicamente oponerse al aborto, que al menos defiendan las alternativas al aborto, no sólo la adopción, sino también la protección a las madres y sus hijos.

Que las asociaciones y sindicatos de médicos dejen en claro el hecho de que un nonato es un ser humano, y las asociaciones de abogados expresen con claridad que matar un ser humano es un asesinato.

En fin, que nuestros prelados y demás pastores hablen al respecto, sí, con caridad, pero sin faltarles parresía.

Cruzarnos de brazos frente a la cultura imperante de la muerte es gravísimo. De callar seríamos como los alemanes que, creyendo imposible oponerse, ni chistaron contra la matanza de judíos en tiempos de Hitler.

*Arturo Zárate Ruiz es periodista desde 1974. Recibió el Premio Nacional de Periodismo en 1984. Es doctor en Artes de la Comunicación por la Universidad de Wisconsin. Investigador en El Colegio de la Frontera Norte.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 17 de enero de 2021. No. 1332