En entrevista, la doctora María Elizabeth de los Rios Uriarte, profesora e investigadora de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac, reflexiona sobre el dilema ético que existe entre solucionar un mal como el COVID 19 y el valor de la vida.

Por Rubicela Muñiz

Las vacunas contra el COVID 19 se comenzaron a distribuir por el mundo, pero en la elaboración de algunas de ellas hay cuestiones éticas que se deben reflexionar.

▶ Sí, creo que este fenómeno ha despertado inquietudes que bien vale la pena reflexionar y aclarar. En la antesala de la vacuna contra el COVID han surgido diversos cuestionamientos sobre la eticidad y licitud de su aplicación considerando que, algunas de las que próximamente saldrán al mercado han sido originadas a partir del uso y la experimentación con líneas de células provenientes de embriones abortados.

Lo anterior resulta pertinente puesto que representa un conflicto ético y, para algunos, moral, puesto que supone el uso de una –o muchas- vidas humanas como medios para generar una opción terapéutica o, en el caso del COVID, preventiva y la vida humana, fin en sí mismo, no debiera nunca usarse ni para este ni para otros fines.

¿Dónde recae el dilema ético?

▶ Recae en la comprensión de la cooperación al mal como alternativa para prevenir un mal mayor que serían los contagios y eventuales fallecimientos de miles de personas, es decir, pareciera que, lo que realmente está en juego es el bien mayor a costa de sortear o dejar pasar normas éticas que protegen uno de los principales valores que es la vida.

Existen dos documentos que, a nivel filosófico y doctrinal, ayudan a comprender este dilema ético: el primero data del 2005 redactado por el Presidente de la Academia Pontificia para la Vida, monseñor Elio Sgreccia y que lleva por título: “Reflexiones morales sobre uso de las vacunas derivadas de embriones abortados”, y otro, también redactado por la Academia Pontificia para la Vida en conjunto con la Asociación de Médicos Católicos Italianos en el año 2017 titulado “Note on italian vaccine issue”.

¿El incluir o tomar células de embriones abortados para generar vacunas es una práctica recurrente?

▶ Sí, en realidad es una práctica realizada desde hace muchos años y que se remonta hasta la década de los 60’s en donde se empezaron a desarrollar las vacunas de la rubeola, el sarampión, la hepatitis, rabia, viruela, etc.

En todas ellas, se generan líneas celulares a partir de las células originales de los embriones abortados, es decir, las vacunas actuales ya no contienen las células originales si no que son derivaciones celulares. Hay dos principales: WI-38 proveniente de un pulmón de un feto femenino abortado en 1964 y la MRC-5 de células de pulmón d un feto masculino abortado y desarrollada en 1966.

Es importante aquí aclarar que, actualmente no es necesario recurrir a más abortos para obtener células ya que de éstas se han generado las suficientes líneas celulares para continuar las investigaciones.

¿El uso de estas líneas celulares implica un abuso a la dignidad humana?

▶ El uso de líneas celulares en la vacuna del Covid no implica un abuso ni una falta de respeto a la dignidad humana ya que no se coopera con la intención de abortar ni con los medios para ello y, la distancia entre las primeras células y las líneas actuales, es lejana y remota.

Además, se considera que vacunarse constituye un acto de cuidado de la vida, propia y la de otros y en esa medida, se erige como una medida que contribuye al bien común.

La aplicación de la vacuna en donde se utilizaron líneas celulares de embriones abortados, por ende, no constituye una falta ética, religiosa o moral siempre y cuando no existan otras alternativas de vacunas en donde no se hayan utilizado estas líneas celulares.

¿Está fallando el propósito de la ciencia?

▶ No, la ciencia siempre es deseable que avance y que ayude a descubrir curas o tratamientos a enfermedades que aquejan a todas las personas. Lo que hay que revisar y tener precaución es en los medios usados para este avance. La ciencia siempre debe estar al servicio de la persona, su promoción y la protección de su dignidad y nunca viceversa.

La responsabilidad ciertamente recae sobre quienes las elaboran, pero nuestra responsabilidad hasta dónde llega.

▶ Existen distintos agentes involucrados y distintos grados de responsabilidad no siendo la misma la de la persona que, en su momento, decidió abortar, la del científico que genera las líneas celulares, la de quienes elaboran la vacuna, la de quienes la producen, la de quienes la comercializan y finalmente la de quienes deciden vacunarse. Tomando en cuenta la cooperación a la intención y a los medios, la responsabilidad de quienes decidan aplicarse la vacuna es remota y no implica conflicto ético ya que la persona vacunada no colaboró ni en intención ni en materia al acto intrínsecamente no ético del aborto. No obstante, cada quien, en libertad de conciencia, deberá decidir la conveniente o no de la vacuna considerando su seguridad y factores de riesgo así como los de quienes conviven con él/ella.

Aun con todo esto, vacunarse es importante.

▶ En consideración del bien común, es responsabilidad de cada uno contribuir al bien de nuestros semejantes y contribuir a erradicar los males que nos aquejan como humanidad así que, en un acto de solidaridad, sí es recomendable vacunarnos para cuidar la salud propia y la de los demás, sin embargo, la vacunación no debe ser obligatoria, sino más bien, apelar a la conciencia de cada persona y su libertad intrínseca.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 17 de enero de 2021. No. 1332