Uno de los evangelizadores más activos y de mayor influencia entre los feligreses de la diócesis de Querétaro, el padre Juan Manuel Pérez Romero (1948-2021), cuya última encomienda pastoral fue la de rector del Santuario de la Congregación de Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad de Santiago de Querétaro, solía llamar la atención en la necesidad de “hacerse amigos de los amigos de Dios”.

Ya lo decía san Francisco de Sales: “En el mundo es necesario que quienes se dedican a la práctica de la virtud se unan con una santa amistad, para exhortarse mutuamente y mantenerse en estos santos ejercicios”.

La Biblia lo enseña con estas palabras: “Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante!” (Eclesiastés 4, 9-10). Y, por ello mismo advierte: “No tomes por amigo a un hombre airado, ni vayas con un hombre violento, no sea que aprendas sus senderos” (Proverbios 22, 24-25). La recomendación de san Francisco de Sales era ésta:

“Ama a todos los hombres con un gran amor de caridad cristiana, pero no mantengas amistad sino con las personas con las que convivir pueda ayudarte; y, cuanto más perfectas sean estas relaciones, tanto más perfecta será tu amistad”.

Santa Teresa de Jesús incuso señala: “La amistad con Dios y la amistad con los demás son la misma cosa. No podemos separar una de la otra”. Y santa Catalina de Siena observa que “la amistad que tiene su fuente en Dios no se extingue nunca”.

El dilema es: ¿cómo hago para hacerme amigo de un amigo de Dios, es decir, hacerme amigo de un santo? ¿Dónde encuentro uno?

A veces los santos pueden hallarse en los lugares más insospechados; pero es verdad que no abundan. Y si no era sencillo encontrarlos cara a cara en tiempos normales, mucho menos ahora en que el confinamiento mundial parece que ha venido para quedarse.

Por eso una respuesta acertada, y que ha dado buenos frutos a lo largo de siglos y siglos, es la lectura de las biografías de los santos. Hay santos niños, adolescentes, jóvenes y adultos, y con vidas de lo más variado, con bastantes frecuencia llenas de aventuras tan sorprendentes que opacan a las de las películas de Hollywood. Sin importar la edad, la formación escolar, la ocupación, el temperamento, las inclinaciones o los gustos, cada uno puede encontrar uno o varios santos cuya vida le enseñe y le inspire a ser mejor persona y, sobre todo, mejor cristiano.

Pero para ello será necesario darse a la tarea de buscar y leer. En internet se puede empezar consultando páginas como las siguientes cuatro sugerencias:

Conviene, por ejemplo, leer la biografía señalada para alguno de los santos de cada día, y seguramente muy pronto cada quien podrá encontrar a alguna alma de Dios cuya vida le llame especialmente la atención. Se recomienda entonces investigar más, en internet o en libros, hasta conocer a profundidad a este amigo de Dios e identificarse con él, y tomarlo como intercesor en la oración y como un modelo de vida.

Por cierto, muchos santos tuvieron la oportunidad de conocer en vida a otros santos, y cultivaron una profunda amistad entre ellos, apoyándose mutuamente en el camino hacia el Cielo.

Entre ellos podemos mencionar a los siguientes:

  • Santa Felicidad y santa Perpetua.
  • San Cornelio y san Cipriano.
  • San Basilio y san Gregorio.
  • San Ambrosio y santa Mónica.
  • San Francisco y santa Clara de Asís.
  • Santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz.
  • San Ignacio de Loyola y san Francisco Javier.
  • San Martín de Porres y santa Rosa de Lima.
  • Santa Luisa de Marillac y san Vicente de Paúl.
  • San Juan Bosco y santo Domingo Savio.
  • Santa Teresita del Niño Jesús y santa Elizabeth de la Trinidad.
  • Santa Teresa de Calcuta y san Juan Pablo II.

TEMA DE LA SEMANA: «AL CORAZÓN NO LE HABLA SINO OTRO CORAZÓN»

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 14 de febrero de 2021 No. 1336