Redacción

Las Sagradas Escrituras advierten que no toda amistad es auténtica, correcta o conveniente. Ahí está el caso de Pilato, a quien Jesús dijo: “‘No tendrías contra Mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que Me ha entregado a ti tiene mayor pecado’. Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: ‘Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey va contra el César’” (Juan 19, 11-12) El desenlace lo conocemos: Pilato prefirió la amistad con el César que la amistad con Jesús.

Amistad con el mundo

Es frecuente que el hombre —varón o mujer— se incline por amistades que le generen ventajas mundanas: comodidad, placeres, comilonas, diversiones, dinero, influencias, poder, etc. Por eso “son muchos los amigos del rico” (Proverbios 14, 20), pues “la riqueza multiplica los amigos, pero el pobre de su amigo es separado” (Proverbios 19, 4); “los hermanos del pobre le odian todos, ¡cuánto más se alejarán de él los amigos!” (Proverbios 19, 7).

De este tipo de amistades advierte severamente la Palabra de Dios: “¡Adúlteros!, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que desee ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios” (Santiago 4, 4)

La auténtica amistad

En cambio, la auténtica amistad va más allá de una relación de la cual sacar un provecho personal:

“El amigo ama en todo tiempo; es un hermano en el día de la desventura” (Proverbios 17, 17)

San Agustín afirma que lo único que nos puede consolar en esta sociedad, tan llena de trabajos y errores, es la fe no fingida y el amor que se profesan unos a otros los verdaderos amigos.

Para el cristiano, la amistad verdadera es un auténtico don, y, como tal, es Dios mismo quien lo regala:

“El amigo fiel es remedio de vida, los que temen al Señor le encontrarán” (Eclesiástico 6, 16)

¿Qué más dicen las Escrituras sobre los amigos?

  • Que “el amigo fiel es seguro refugio; el que le encuentra, ha encontrado un tesoro” (Eclesiástico 6, 14).
  • Que “el amigo fiel no tiene precio, no hay peso que mida su valor” (Eclesiástico 6, 15).

De estos dos versículos se deduce que los auténticos amigos no abundan. Los que dicen tener cientos o miles, en realidad lo que poseen son muchos seguidores en redes sociales, o numerosos compañeros con los cuales comparten alguna actividad, afición o punto de vista; pero no entran en la verdadera categoría de amigos.

De la mano del amor

Puesto que Jesucristo enseña que “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Juan 16, 13), luego entonces lo que la Biblia enseña del amor también se puede aplicar al tema de la amistad.

Por tanto, lo que escribió san Pablo en su Primera Carta a los Corintios (13, 4-8) puede retomarse para descubrir cuáles son las formas más sublimes de la auténtica amistad cristiana:

La amistad es paciente, es amable; la amistad no es envidiosa, no presume, no se engríe; es decorosa; no es interesada ni se enoja; no toma en cuenta lo malo; no se alegra con la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.

TEMA DE LA SEMANA: “AL CORAZÓN NO LE HABLA SINO OTRO CORAZÓN”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 14 de febrero de 2021 No. 1336