Por Sergio Ibarra

La problemática que enfrenta América Central en particular Honduras y El Salvador obedece a condiciones de pobreza crónicas que durante las últimas cinco o seis décadas se ha prolongado. Conflictos sociales que dejan millones de personas en condiciones de pobreza extrema desde que nacen.

Los datos indican que en Honduras el 66% de su población vive en pobreza extrema, poco más de seis millones de personas. En El Salvador se estiman dos millones de habitantes. Cuando vemos las caravanas de cinco a diez mil migrantes, no representan ni el uno por ciento del desafío que existe en aquellas naciones. Hay que señalar que en México la pobreza extrema rebasa estas cifras.

En el contexto del inicio de una nueva administración federal en los Estados Unidos, el gobierno de México se ve en la imperativa necesidad de iniciar un nuevo diálogo. El famoso muro a la mera hora si lo pagamos nosotros. La Guardia Nacional creada con militares y pagada con nuestros impuestos, se ha ocupado de hacer el muro con siete mil soldados que vigilan la frontera con Guatemala, a lo que habría que agregar al personal de migración. Representó una contradicción a la política inicial del gobierno federal que anunció que les daría permisos de residencia y luego, la militarización de la frontera.

El presidente Biden ha anunciado que legalizará a once millones de personas indocumentadas que ya viven en aquel país, lo que hace suponer que la política de inmigración va a cambiar. El reto en esta región se ha agravado porque la zona industrial de Honduras fue devastada por los huracanes Lota y Eta, se estima que agregó otro millón de indigentes. Las caravanas van a continuar, con el componente del COVID y la delincuencia organizada infiltrada.

La geopolítica estudia las implicaciones de decisiones y condiciones de los países de una región. Lo que pasa en un país afecta a los otros. El cierre de fronteras comerciales, y a determinados grupos, forma parte de una solución de corto plazo. Es ponerle un tapón pasajero a un asunto, que el día en que reviente, al país vecino también le va a afectar. Esa ha sido la solución hasta el momento.

¿Cómo resolver este complejo desafío? Con la cooperación de las naciones involucradas, es decir, operación conjunta, empezando por los países que lo generan.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 31 de enero de 2021 No. 1334