Algunos testimonios de los que les ha tocado la Gracia de estar físicamente al lado de los enfermos de covid

Si algo ha enseñado la actual pandemia es que en el mundo todavía existen los héroes, y no unos cuantos sino miles, especialmente entre los paramédicos, camilleros, auxiliares de enfermería, enfermeros, médicos, químicos de laboratorio, recolectores de la basura, personal de las funerarias, sepultureros, etc.

Algunos podrán opinar que estas personas se atreven a estar al lado del virus porque reciben dinero a cambio de su trabajo. Lo cierto es que el riesgo que tienen de enfermar y, quizá, de morir es mucho mayor que toda la paga material que pudieran recibir. Por eso decimos que son héroes, porque van más allá del deber que se le puede exigir a cualquier persona.

En el caso de los que son cristianos, el motor de sus acciones está en las propias palabras divinas: “Estuve enfermo y Me visitaste… Cuanto hiciste a unos de estos hermanos míos más pequeños, a Mí Me lo hiciste” (Mt 25, 36.40). Y, aunque el temor a enfermar y morir es parte del instinto natural de conservación con que el Señor dotó a todas sus criaturas, los cristianos dan un paso adelante animados por estas palabras de Jesucristo: “No teman a los que matan el cuero pero no pueden matar el alma” (Mt 10, 28), y por eso se lanzan a cuidar a los demás.

TESTIMONIOS

Aquí presentamos algunos cuantos testimonios al respecto:

  • José Ruíz Orta, ordenado sacerdote cuando tenía 60 años de edad, fungía como capellán del Hospital de Cuidados Paliativos Laguna de Madrid.

El padre José falleció el 31 de marzo de 2020, a los 82 años de edad, a causa del coronavirus del que se contagió cuando cuidaba de un voluntario del hospital que había enviudado recientemente y que necesitaba compañía.

  • Carlos Vela es un médico de Perú, con especialidad en geriatría. Él escribió una carta expresando sus reflexiones en torno a la fe en Dios por parte de los creyentes; en ella dice: “El individualismo nos ha rebasado, nos hemos limitado a plegarias digitales, sin salir en la búsqueda de la oveja pérdida y cuidar del rebaño diezmado por la circunstancia fatal”. Lamenta que “esta dura prueba que atraviesa la raza humana” nos esté distanciando “física, social y moralmente, viendo en cada persona un enemigo que puede portar y contagiar el virus”. Por eso hace un llamado a los hombres de fe para que “reconozcamos la pequeñez de la naturaleza humana”, y para, “con fe, disciplina, acción solidaria y oración” reconstruyamos la sociedad.
  • El padre Enrique González, capellán en el hospital temporal instalado en IFEMA (en Madrid), para atender a pacientes covid, testimonia, después de estar al lado de tantos enfermos en los peores momentos de la pandemia:

“Mi primera sensación fue que toda mi vida me había preparado para ese momento. Cuando se emprende una misión como ésta he experimentado que a Quien se espera es a Cristo. Los enfermos, sus ojos, buscaban a Cristo; me veían a mí pero Le encontraban a Él. Me he reenamorado de mi ministerio”.

  • El argentino Adrián Calfunao perdió la vista de niño a causa de una infección. Al crecer pidió a Jesús que lo guiara, y comenzó a visitar a los enfermos, lo que lo hacía muy feliz. En 1991 fue ordenado diácono y siguió en su labor de visitar a los enfermos por 28 años en Junín de los Andes, provincia de Neuquén, llevando consuelo y cantando alabanzas al Señor con su guitarra.

Finalmente el diácono Adrián enfermó de coronavirus, y falleció el 16 de enero de 2021.

  • “¿Qué hubiera hecho Jesús?”. Eso es lo que se preguntó el sacerdote mexicano Adrián Lozano, de 53 años, cuando se acercó para dar la absolución sacramental a un paciente de coronavirus en un hospital de Ciudad de México, pues en ese instante al enfermo le dio un ataque de tos.

Fue entonces cuando el padre Adrián, ante el dilema de retroceder o consolar, llegó a la conclusión de que Cristo no se hubiera echado para atrás, así que él decidió tampoco hacerlo. “Si me hago para atrás, protegiéndome —pensó—, le voy a aumentar su soledad, su sensación de rechazo”. Por eso, junto con otros sacerdotes, el presbítero Adrián continúa visitando a enfermos de covid, si bien algunos hospitales les niegan el acceso.

  • El padre Enmanuel Pernía, de la diócesis de san Cristóbal de Venezuela, además de ser párroco de San Judas Tadeo, es capellán del Hospital Patrocinio Peñuelo Ruiz, en el estado de Táchira.

Al primer contagiado de covid que le tocó asistir llevándole los santos óleos fue nada menos que el mismísimo director del hospital. Y desde entonces no ha dejado de visitar a los enfermos de coronavirus.

Pero como el padre Pernía no quiere usar los equipos de los médicos del hospital para no desabastecerlos, pidió ayuda a la comunidad cristiana, y con lo que le donaron puede vestirse de pies a cabeza con el reglamentario equipo de protección.

TEMA DE LA SEMANA: “UNA SOCIEDAD ES TANTO MÁS HUMANA EN CUANTO MÁS CUIDA LA FRAGILIDAD”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 31 de enero de 2021 No. 1334