Por Jaime Septién

En su reciente comunicado “Unidos por el bien común”, los obispos de México, encabezados por monseñor Rogelio Cabrera López, denunciaron un hecho que podría llevar a una caída todavía más fuerte de la confianza en nuestro país: la imposición en la Cámara de Diputados de una agenda legislativa que más tiene que ver con una ideología que con los anhelos del pueblo.

“No hay peor ciego que el que no quiere ver la realidad”. La ideología es eso: una ceguera voluntaria, un sistema cerrado de puntos de vista que antepone ideas preconcebidas a la realidad misma. En el caso de las leyes, lo que conviene a la ideología del partido dominante está por encima de la dignidad de la persona, la justicia, la investigación académica, la opinión de los expertos, el sentido común y las circunstancias actuales.

Es como aquel personaje que conduce su vehículo en sentido contrario por una avenida de alta velocidad y al oír la alerta por el radio piensa que no es él, sino todos los demás los que transitan en sentido contrario. Aunque suene a chiste, eso es lo que está sucediendo hoy mismo en nuestro país.

Los diputados, usando el viejo método del “mayoriteo”, le quieren colgar a México una cantidad de reformas constitucionales dizque “progresistas” que lo único que van a acarrear es mayor violencia y división. Se crea pues el río revuelto del que se benefician unos cuantos pescadores.

El 6 de junio es demasiado importante como para quedarnos mirando pasar el tren de la historia por encima de nosotros. Lo primero: infórmate. Lo segundo: no vendas tu voto. Lo tercero: apuesta por México.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 28 de marzo de 2021 No. 1342